Una medalla para coronarse

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A Gustavo Nieves le cayó el mundo encima en plena adolescencia. Sufrió una pérdida de visión repentina. Tenía 17 años y defendía la camiseta del Sárdoma en División de Honor juvenil. Además, había realizado pruebas con el Celta.

«Como todo chaval jugaba al fútbol», recuerda Nieves, nacido hace 29 años en Vilalba (Lugo), aunque creció en Vigo y ahora reside en Pontevedra.

Jugando una pretemporada con el Sárdoma descubrió que no veía bien el balón en pases largos. Ahí empezó su pesadilla. «Hice pruebas, me ingresaron, pero a día de hoy, creo que no sabe nadie lo que tengo -apunta-. Es evidente que es el nervio óptico, pero desconocen si es vírico, degenerativo, congénito».

Desde entonces, su visión sufre altibajos. El fútbol vigués se quedó huérfano de un mediocentro en potencia, pero el atletismo sumó un galáctico.

«Fue un golpe durísimo», precisa Gus. «Tenía el fútbol, los amigos, mi moto -explica-. Pero en el atletismo encontré mi vía de escape». Decidió correr para mantenerse en forma. En el parque vigués de Castrelos comenzó a hacer piña con un grupo de corredores, y allí, al aire libre, se destapó su talento.

Adaptarse a su nueva situación fue muy complicado. Sin embargo, aprobó el Curso de Orientación Universitaria (COU) y el selectivo. «Tardaba en leer una carilla, me costó, pero pude entrar en la universidad».

Las pistas de atletismo fueron su refugio, y una media maratón su puerta de entrada a la competición de élite paralímpica. «Registré una buena marca, aún era juvenil, y me aconsejaron que entrenara con un profesional». Fichó con Alfonso Ortega, y años más tarde, Pablo Díaz, de la Sociedad Gimnástica de Pontevedra, se convirtió en su preparador, guía y amigo. «Con Pablo empecé después de los Juegos de Pekín y en un año mejoré bastante», precisa.

Su especializó en las distancias de 5.000 y 10.000 metros. Fue una carrera meteórica. De campeón gallego a plusmarquista mundial. El atleta posee el récord del mundo de 10.000 metros para discapacitados visuales (T-12) desde el 2009, y también el de 5.000 metros, aunque el International Paralimpic Committee todavía no se lo has homologado. «Mi marca solo está como récord de España y de Europa en este caso», detalla. «Hubo un problema con los jueces. No es algo que aporte mucha cosa».

Gustavo Nieves ya sabe lo que es competir en unos Juegos Olímpicos. Fue quinto en los 10.000 metros en Sídney 2000. En Pekín 2008 tuvo peor suerte. Alcanzó las finales del 10.000 metros, «pero tuve que retirarme por problemas en los gemelos».

Se saltó Atenas 2004 para centrarse en sus estudios universitarios de Ingeniería de Minas. El deporte no le daba de comer, y había que contar con una alternativa laboral. Sin embargo, después de los Juegos Paralímpicos celebrados en la cuna olímpica de la Antigüedad, las ayudas para atletas paralímpicos comenzaron a llegar. «Hoy puedo vivir de esto -añade-, aunque hay que dedicarse a ello un 100 %». Se fija una fecha de caducidad. «A los 38 años o así, lo dejaré».

El discapacitado visual, a corto plazo, tiene el objetivo de subir al podio londinense. «Es complicado», subraya el plusmarquista, para explicar que sus principales rivales son el tunecino Abderrahim Zhiou y el keniata Henry Kirwa. En Londres luchará en el 5.000 metros, y después enfilará su esfuerzo para competir en la maratón. En Río 2016, «quiero estar en la maratón absoluto. Es mi sueño».

Nació en Vilalba, pero de niño vivió cinco años en Alemania. Todavía en su infancia, se mudó a la ciudad olívica. Jugó al fútbol antes de perder la visión.

A pesar de su deficiencia, Gus estudió Biología. «Era imposible», recuerda. «No podía ni utilizar el microscopio». Por ese motivo, se matriculó en Minas.

Gus señala que su certificado de minusvalía refleja que ha perdido sobre el 70 % de su visión. De su ojo derecho no ve nada, y del izquierdo se defiende bien.

Gustavo Nieves, durante una sesión preparatoria en Pontevedra para los juegos del verano. capotillo
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