Imagen:El «Belem» estuvo fondeado en Ons antes de atracar en el puerto de Vigo.

Ons recibió la visita del velero del siglo XIX«Belem»


1Tiene 115 años, está declarado monumento nacional en Francia y continúa surcando los mares. El Belem es el último velero transoceánico construido en el siglo XIX que todavía sigue en activo, ahora como embarcación turística, y el pasado martes su presencia sorprendió a vecinos y visitantes de Ons, donde fondeó en su periplo hacia el puerto de Vigo. Los tripulantes desembarcaron y pudieron disfrutar no solo de un paseo por la isla, sino también probar el delicioso pulpo que se sirve en sus restaurantes y beber cerveza gallega, como cuentan algunos de los testigos de la visita de esta joya de la navegación.

El Belem fue construido en la ciudad francesa de Nantes en 1896, como cuentan en la web viejospuertos.com, donde le dedicaron un extenso reportaje al cumplir los cien años, y ya en 1913 se consideraba el último de los veleros trasatlánticos. Tiene casi 51 metros de eslora y aunque en aquella época la navegación a motor era una realidad, sus armadores «todavía creían en la rentabilidad de los veleros antillanos, para transportar mercancías en las rutas del Caribe». Aún así, su primer percance lo tuvo en tierrra, cuando como refieren en la citada página, una erupción volcánica cayó sobre la embarcación en Martinica en 1902. Ese año cambió por primera vez de propietario, aunque desde entonces ha pasado por ocho manos, algunas tan conocidas como las del duque de Westminster en 1914, que lo convirtió en su yate privado, o las del fabricante de cerveza Ernest Guiness. Este último fue responsable también de uno de sus primeros cambios de decoración: bañeras y pianos, cortinas de seda, butacas tapizadas de cuero y un inmenso bar coronaron las instalaciones, como añade la web. En 1923 el Phantome II (nombre que le puso Guiness) realizó una vuelta al mundo, pasando por Panamá y Suez en la que completó 31.129 millas marinas (57.621 kilómetros). Desde el año 39 el Belem estuvo refugiado en la isla de Wight, donde perdió su velamen, y en el 52 lo adquirió el senador italiano Vittorio Cini (le puso el nombre de su hijo Georgio). Dice la Red que iba a ser desguazado cuando su dueño lo vendió por una libra a los aduaneros que deseaban un buque escuela. Cuatro años después, estos decidieron soltar su lastre y por el mismo precio lo vendieron a unos astilleros venecianos que le lavaron la cara. Y, a principios de los 80 recuperó su nombre, su aparejo original de tres palos y el pabellón francés, después de haber llevado el británico y el italiano. La denominada Fundación Belem es la que lo gestiona desde entonces, y sigue siendo un buque escuela, abierto a todo el mundo.

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