Ara solis

Entroido

foto de Xosé Ameixeiras Lavandeira
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«De un tiempo a esta parte yo no digo nunca lo que creo ni creo nunca lo que digo y, si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras que es difícil reconocerla». Esta manida frase que Nicolás Maquiavelo escribía en 1521 al filósofo y político florentino Francesco Guicciardini se la imagina uno atribuida a los muchos personajes que últimamente se han adueñado de los principales titulares de la prensa. Y no por sus grandes acciones en provecho del bien común, sino por sus dotes para trincar abundante dinero y favores públicos y eludir con habilidad las responsabilidades propias de un Estado democrático serio y maduro.

Las prácticas de los Bárcenas, Pujoles, Urdangarines, Baltares, Mulas y los implicados en operaciones de los ERE, Campeones, Pokémones y Orquestas, entre otras muchas que de tantas ya uno se olvida, bien podían dar para estudiar una carrera, con máster y doctorado incluidos. No es extraño que millones de jóvenes -cada uno de ellos con más currículos que todos los corruptos juntos- tengan que coger billetes de bajo coste para buscarse la vida por el mundo, mientras sus padres aprenden nuevas tecnologías para comunicarse con ellos vía Skype y eludir las condiciones draconianas de las empresas telefónicas, que necesitan sus beneficios para pagar jubilaciones doradas a exgobernantes amigos. Menos mal que el pueblo podrá desahogarse durante el ya próximo entroido con chuflas, chanzas y cocidos hechos con grelos que cultivan las abuelas en sus huertas y cerdos que siguen criando en viejas pocilgas, en aldeas cada vez más solitarias y abandonadas a su suerte.