el chaflán

Es la democracia

foto de Carlos Agulló Leal
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Macabras casualidades de la vida. El patrimonio que podría haber acumulado Luis Bárcenas -los 22 millones de Suiza serían el veinte por ciento del total- equivaldría al déficit que ha llevado al megaajuste a la sociedad estatal que gestiona los paradores de turismo. Es fácil imaginar la sensación que tendrán a estas horas los 36 gallegos que acaban de ser despedidos de la red pública de establecimientos hoteleros con el argumento -tal vez cierto- de que la supervivencia de la empresa pasa por el achique de las plantillas. Y así todo. Cierre de puntos de atención al paciente porque hay que ahorrar. Repagos farmacéuticos porque la caja está agujereada. Menos profesores y reducción de las horas de calefacción en las aulas porque las arcas están caninas.

Bárcenas no es el primero. La retahíla de nombres vinculados a la corrupción -un fenómeno que parecemos empeñados en convertir en producto con denominación de origen, aunque para ser justos hay que decir que no es exclusivo- es tan larga que no hay líneas suficientes en la columna. Pero los hay de todos los colores, y hasta parece que se ponen de acuerdo para repartirse el papel estelar al ritmo al que se alternan los partidos en el poder. Por eso las peroratas que escuchamos estos días suenan más viejas que las canciones de Machín. No son originales ni en el disimulo.

Vuelven a hablar de tolerancia cero, de reforzar los mecanismos de control, de auditorías externas, de rigor en la vigilancia. ¡Sí, hombre! Porque todos ellos lo saben: no se trata de delincuentes que se les cuelan por las rendijas. No, se trata de la financiación de los partidos.

Es la democracia, estúpidos.