«Antes el ?coach? de la familia era toda la tribu; hoy eso lo hemos perdido»

El máster en «coaching» familiar, que comenzará en octubre, ya tiene la mitad de sus plazas cubiertas

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ourense / la voz 03/07/2016 05:00 h

Hace algo más de un año que Xosé Manuel Domínguez Prieto (Madrid, 1962) aceptó la dirección del Instituto de la Familia de la Fundación Amigos de la Barrera. Desde él comenzó a gestar una idea pionera que este próximo otoño se convertirá en realidad: el primer máster universitario de carácter presencial de coaching familiar. El título de este plan formativo de dos años de duración lo expedirá la Universidad Francisco de Victoria de Madrid, pero las clases se impartirán en sede ourensana de la entidad.

-¿Cómo surge la idea poner en marcha un máster de este tipo?

-Yo ya estaba colaborando con la Universidad Francisco de Vitoria en la formación de los coach que se dedican a empresa y deporte, que por otra parte es algo que está muy en auge; y junto a una serie de personas, nos dábamos cuenta de que sería fabuloso poder aplicar las bases y los principios de ese entrenamiento que usamos en esos campos para ayudar en el ámbito de la familia o de la educación. Así surgió la propuesta que descubrimos que era absolutamente original, porque como curso universitario y presencial no había nada similar en España. De hecho, después de haberlo puesto en marcha nosotros, un grupo que se dedicaba al coaching de empresa ha abierto una rama online con este enfoque al ámbito familiar.

-¿A quién puede interesar un máster de este tipo?

-Además de a los que se dedican terapéuticamente, como los psicólogos, al tema del acompañamiento familiar, pensamos que había un campo aplicable a todos los que trabajan con familias, niños y jóvenes, como los profesionales de la enseñanza, médicos, tutores o trabajadores y educadores sociales, a los que les vendrían muy bien esos principios del coaching aplicados a este sector concreto.

-Habrá quien piense que nuestros abuelos no necesitaron un entrenador familiar para resolver conflictos y gestionar relaciones

-Pero la sociedad ha cambiado. Hay menos tiempo de convivencia y también una menor calidad del tiempo que se está. Influye el ritmo vertiginoso en el que vivimos y en el que se ha impuesto un alto nivel de exigencia de éxito, tanto a los niños en lo académico o en el deporte como en la actividad profesional; contribuyen también los horarios tremendos y de forma importante los hábitos de vida porque las muchas horas de conexión a las redes sociales y el wasap provocan que luego nos cueste la relación cara a cara, interpretar lo que siente o le molesta al otro no solo por lo que dice sino por su lenguaje gestual. En las redes o en el wasap la imagen de la foto de la persona con la que chateamos no varía.

-¿Qué hemos perdido?

-Se sabe, y ya hace algunos años que lo está estudiando la neurología, que el mucho más tiempo de relación virtual en pantalla, en sustitución del tiempo presencial, ha traído consigo una pérdida de empatía, de saber encajar que no siempre puedo caer bien al otro y que puede haber discrepancias, y por lo tanto tampoco se tiene el hábito ni la habilidad de resolver conflictos con el otro físicamente enfrente. Ha decrecido la capacidad en inteligencia emocional porque hay menos tiempo de convivencia. Y otra cosa que ha aparecido y no tenían nuestros abuelos, es la sobreprotección a los hijos, porque hoy tenemos menos, uno o dos, y queremos evitarle todo tipo de problemas. Eso trae debilidad de carácter, baja autoestima, la indefensión aprendida y dificultad para encajar frustraciones. A todo esto hay que sumarle que la sociedad nos ha quitado la tribu, que antaño se implicaba directamente en la educación social de la persona. Antes educaba la abuela, el tío, el vecino, el amigo... pero hoy todo eso que culturalmente se hacía de modo natural, no existe. Ellos eran los que hacían ese coaching, ese entrenamiento y acompañamiento la familia, y por eso hoy somos más débiles ante los problemas y se hace más difícil la tarea de educar y afrontar los conflictos para padres y para profesores.

«Pensé que el tiempo que me queda de vida tenía que hacer algo importante»

El proyecto del máster ha supuesto un punto y aparte en la trayectoria profesional de Xosé Manuel Domínguez. Tras tres décadas como profesor tanto en Enseñanza Media como en diversas universidades españolas, ha decidido pedir la excedencia y aparcar esa faceta el pasado mes de abril. «Esto está cobrando tal volumen que merece la pena la dedicación absoluta», dice.

-¿Cómo le convencieron?

-Aparqué mi profesión porque pensé que en el tiempo que me queda de vida tenía que apostar por hacer algo importante. Y yo creo que esto lo es porque responde a una necesidad real. No voy a decir que haya sido un acto de valentía, pero sí un poco de aventurero, aunque estoy muy contento porque empiezan a verse los resultados de todo lo que venimos trabajando en el Instituto de la Familia: la editorial ya tiene dos libros, hemos creado el Instituto de Investigaciones sobre Coaching Familiar, la Escuela de Familias y ahora el máster.

-Al tratarse de una fundación impulsada por el obispo, ¿hay una orientación religiosa?

-En absoluto. Ni en esta ni en ninguna de las actividades que programamos. Todas nuestras propuestas son acofensionales. De hecho en el grupo de la Escuela de Padres que ha funcionado todo el curso hemos tenido desde personas musulmanas a evangelistas e incluso ateos, y lo sabemos no porque se lo hayamos preguntado, sino porque ellos mismos lo manifestaron. Esta es una institución jurídica y funcionalmente independiente del obispado; no hay ningún tipo de consignas ni somos ideologizantes ni tenemos ningún tipo de objetivo apostólico. En el obispado ya hay una delegación de familia que tiene sus charlas y actividades para personas cristianas. Nuestros únicos objetivos son de carácter formativo y mantenemos total autonomía.

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