El arte de encuadernar y el amor al trabajo hecho a mano

Hace treinta años abrió en la capital ourensana Cisne, librería y empresa de encuadernación y fabricación de sellos

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ourense / la voz 27/06/2016 17:49 h

Encuadernación y Sellos Cisne nació en 1986 en Ourense. Fruto de la necesidad se ha convertido en un referente. Al frente se encuentra Francisco Araújo Nogueira (58 años) y desde el 2011, su hija Rosa María Araújo Losada (30 años). A punto de celebrar el treinta aniversario, Francisco recuerda cómo esta profesión se convirtió en su pasión. Estudió para tornero en el 12 de Octubre. No por vocación, sino por el consejo que le dio su abuelo y que recuerda nítidamente: «Me dijo ‘Ti estuda tornero que traballan de corbata’». Cogió las maletas, dejó su Montefurado natal y se desplazó a Ourense. Conoció a la que es ahora su mujer y se quedó. Las cosas no fueron bien, en lo que a trabajo se refiere, y un amigo le sugirió la posibilidad de abrir una empresa de encuadernación. Ni se lo pensó. Entonces no tenía ningún tipo de experiencia. Pero no se arredró.

«Tuve que aprender desde el principio». Viajó a Santiago para conocer este mundo. E incluso durante años se desplazó a Madrid para seguir formándose. «La encuadernación en sí es muy sosa, no sabía hacer nada y quería aprender cosas nuevas», explica. Quiso formar parte de una asociación de artesanos gallegos y allí convirtió un simple trabajo en algo más. Hizo verdaderas obras de arte en la encuadernación. Objetos que por sí solos ya son importantes. Es más, descubrió que su formación como tornero le servía. Muchas de las máquinas que usa y ha utilizado para trabajar han sido hechas por sus manos. Algunas tienen más de veinte años y siguen cumpliendo con su misión.

Mientras su padre hacía los primeros pinitos en la encuadernación, Rosa apoyaba a su madre en la librería. Otro hermano, Alejandro, ayudaba a su padre, hasta que emigró a Argentina en donde puso en marcha una empresa similar. Finalmente tuvo que regresar por motivos de salud. Fue entonces, hace cinco años, cuando Francisco le propuso a su hija Rosa involucrarse en el proyecto.

No tuvo que pensarlo mucho. Rosa estudió Turismo y entonces trabajaba en una agencia. «No sabía nada de nada. Y tuve que aprender todo de él. Lo veía desde pequeña, pero yo estaba más con mi madre en la librería», subraya. Aun así aceptó el reto: «En lugar de trabajar para otros, preferí unirme a mi padre. Me gustaba el Turismo pero me adapto muy bien a otros trabajos». Tenía 25 años. La idea fue que su padre se centrara en las encuadernaciones y ella en los sellos de caucho. Aunque ambos están preparados para hacer ambas cosas. Y, asegura, de momento el negocio da para los dos. Pero han cambiado muchas cosas. «Hace años, cuando los periódicos entregaban fascículos, llegué a tener más de mil libros para encuadernar y no sabía por donde empezar»· Ahora, la mayor parte de sus clientes saben lo que quieren. Buscan encuadernaciones especiales, casi obras de arte que Francisco, con una larga experiencia, traduce a la perfección. Acabando trabajos únicos. «Hay gente que viene y entiende de encuadernación. Trae fichas y todo concretando muy bien lo que quiere. Pero hay de todo, si no solo trabajaríamos de lujo y casi no se viviría. Hay encuadernaciones que valen mucho dinero, porque son muchas horas de trabajo. Estas son para gente que sepa valorar lo que cuesta. Hay algunas que son obras de arte en sí mismas», explica el padre.

El nombre de la empresa tiene su historia. Haber elegido Cisne no fue algo al azar. Así lo explica Francisco: «El nombre viene del zoo de Vigo. Íbamos a montar el negocio y mi mujer vio un cisne. Me dijo ‘¡Mira que bonito!’. Y enseguida exclamó ¡Ya sé el nombre que le vamos a poner! Cisne». Y Rosa añade: «Le pareció que es un animal elegante, que tiene personalidad y es muy esbelto y distinguido. Y lo asoció a ello». E incluso le pidió a su padre - el de la madre de Rosa, que era albañil- que hiciera un mosaico con este animal. Una imagen que todavía se puede ver a la entrada del establecimiento, en la calle Zamora, 100 de la capital. Francisco Araújo dice con orgullo que la presencia de Rosa en el negocio le dio un respiro. Sabía que todo el trabajo que tuvo que hacer para ponerlo en marcha quedaría en manos de la familia. Rosa, por su parte, asume ilusionada el reto. Aunque todavía les quedan años para seguir compartiendo su pasión por las cosas hechas a mano.

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