«Fixen o que todo o mundo; traballar»

Celebró su 102 cumpleaños en el piso de su nieto, con el que vive

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Ourense / la voz

«Fixen o que todo o mundo: traballar case toda a vida». Así resume Genoveva Canal el secreto de sus espléndidos 102 años. Y eso que desde el atropello que sufrió el pasado 5 de diciembre, cuando cruzaba un paso de peatones cerca de su casa, ha reducido su actividad al mínimo. La rotura de la pelvis le obliga a mantenerse en reposo y ya no puede salir a pasear con sus amigas ni tampoco hacer las tareas de casa que hasta entonces eran labores cotidianas para ella. «Isto non vai; o mal non se move de aí», lamenta apuntando a su cadera. Es el único momento en el esta ourensana tuerce el gesto, aunque enseguida encuentra un pensamiento positivo: «Aínda menos mal que me deu de lado, que si me pilla de fronte xa me mataba alí».

De su carácter optimista da cuenta la poca importancia que otorga al catarro que padece desde hace unos días. «Xa pasará, pouco a pouco», señala. El tratamiento para el constipado es, junto al de la tensión y los analgésicos para el dolor de la fractura causada por el accidente, la única medicación que toma esta centenaria con salud de hierro. «Son de boa boca, eu como de todo: verdura, carne, pescado... Cando preguntan eu dígolle que por min non fagan nada, que cun ovo frito, si o hai, xa paso ben», señala Genoveva.

Eso sí, su debilidad es lo dulce. «Son a máis dulceira. Todo o doce da casa o como eu; eles non o proban case», asegura añadiendo que su nieto, con el que vive en la ciudad desde hace quince años, apenas prueba esas exquisiteces.

Genoveva confiesa que la cocina siempre se le dio bien. «Xa desde moza na casa para as festas a que cociñaba era eu», apunta. También le encantaba cantar -llegó, según cuenta, a hacerlo en el coro de la iglesia- y bailar. Cuando habla del baile se pone nostálgica. «Así foi como coñecín ó que foi o meu marido, nun baile. Fomos á Santa Lucía a Soutopenedo e el sacoume a bailar e xa non me apartou máis; nin el a min nin eu a el. Ata que nos casamos», cuenta. Recuerda también la poca fe de sus hermanas en aquella relación. «Dixéronlle a miña nai que ese home non me querería, que el era rico e nós eramos pobres, e entón que non me ía querer. Pero quixo, quixo», sentencia.

La costura, sin embargo, nunca fue su fuerte. «De nena sempre andaba moi ben porque tiña unha tía modista. Aínda que eramos nove irmáns eu crieime cos avós e non me faltou de nada, grazas a Dios. Así que o único que cosín foi máis que nada para remendar algunha cousa, que daquela había moito que remendar».

Genoveva pasó la mayor parte de su vida en el entorno rural. Natural del pequeño pueblo de Pazos de San Miguel de Soutopenedo, en San Cibrao, se trasladó al de Nigueiroá, en A Merca, tras contraer matrimonio con Baltasar Pazos Seara. Allí vivió 38 años, pero como su marido era peón caminero, también residió en Celanova.

«Alí estivemos dezaoito anos, e alí naceron os rapaces», recuerda. Tuvo cuatro y además de atender a su crianza y a las labores de la casa «tamén había que traballar no campo, e coidar do gando; tiña porcos, coellos, vacas, pitas e pitos; así que chegaba ben a faena» relata entre risas. «Cando había que sachar as patacas chamábamos a unha muller que era da Mezquita, tamén do concello da Merca, para axudar. Cobraba, claro; e tamén había que mantela, pero era o que se facía», añade.

Haciendo gala de su excelente memoria relata que la primera vaca fue un regalo de su suegro. «Despois tivemos a segunda a medias con outro veciño que nola acabou vendendo. E acabamos tendo ata a tres e a catro xuntas, porque parían, claro. Chegamos a vender algo de leite, que nos viña por el Felisa, unha muller de Loiro que estaba casada co Lolo, o sobriño do Jesús», explica.

A pesar de esa vida en pequeños núcleos del rural ourensano, Genoveva dice que se adapta perfectamente al entorno urbano. «Dos sitios nos que vivín Ourense é o máis bonito, o que máis me gusta», afirma Genoveva cuando se le pregunta si añora la vida del pueblo.

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