Nuestro primer destino de la tierra ecuatoriana fue Otavalo, el hogar de la etnia kichwa de los Otavalos. Es un precioso rincón andino, ubicado al norte de Ecuador, en la provincia de Imbabura.

Es una ciudad pequeña, fácil de caminar y de recorrer. También, es conocida como «la capital intercultural de Ecuador», gracias a su riqueza histórica, cultural y natural.

Desde el principio nos sentimos bienvenidos y acogidos por los lugareños, la mayoría de ellos de la etnia originaria de los Otavalos. Gente muy hospitalaria y amable que, pese a estar muy bien adaptada a los tiempos modernos, no han perdido su identidad y sus costumbres.

El atractivo turístico más famoso de la ciudad es su mercado de artesanía, el más grande de Sudamérica. Conocido también como el Mercado Centenario, tiene su centro en la plaza de los Ponchos y, aunque se celebra todos los días, su día más importante es el sábado. La plaza y sus alrededores se llenan de puestecitos y los Otavalos venden sus productos regionales e internacionales. Las calles rebosan de colores y se pueden encontrar una gran variedad de productos: tejidos, cobijas, zapatos, cerámica, instrumentos musicales, productos en barro o en madera... Todo tipo de artesanías. Aunque se trata de una magnífica expresión cultural y comercial, el mercado nos resultó muy turístico, más por el comportamiento de los propios visitantes que de los comerciantes.

Si uno quiere vivir una experiencia más tradicional y mucho menos concurrida tiene que visitar el Mercado de animales, una experiencia única y autentica. Todos los sábados, desde las 6.00 hasta las 12.00 horas, tanto los indígenas de la región de Otavalo como los mestizos, se dan cita para vender y comprar sus animales: gallinas, conejos, caballos, cerdos, vacas... A la par, en el recinto hay varios vendedores ambulantes de comida y también de productos de casa en general. Es un mercado original que te hace sentir una relación entre el animal y el ser humano muy similar a la que existía en nuestra tierra hace no tanto, cuando nuestros abuelos iban a la feria a comprar y vender su ganado.

Pero Otavalo tiene mucho más que ofrecer que sus mercados. Es una ciudad activa, llena de vida, arte urbano, museos, gastronomía y movimiento. Además, a solo pocos kilómetros se pueden visitar lagunas, cascadas y volcanes. Aun así, lo que hace este lugar tan especial son sus habitantes, los amables Otavalos.

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Capítulo 1: San Agustín y sus seres místicos

 Si quieres saber más sobre Manu y Peny, aquí te dejamos el enlace a su reportaje de presentación: «Queremos enseñar que el mundo es más hospitalario de lo que lo pintan».

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