En una semana en la que las turbulencias originadas por la fiscalía (los paneles del Supremo y las contrataciones de la Diputación) casi nos hacen olvidar la ilusión del día de Reyes (los virtuales, que los de verdad ya ilusionan menos), pasó desapercibido un episodio que origina eso que el CIS llama desencanto de los ciudadanos ante los políticos. En el pleno del Concello de Ourense se debatía rebajar las ventajas sociales de las que disfrutan desde hace años (¡esos días de vino y rosas que hoy nos amargan la vida!) sus casi mil funcionarios. Una sensata iniciativa pues no entiendo por qué hay que pagarles implantes dentales, gafas, consultas médicas privadas o libros de texto a unos trabajadores que ya le cuestan al erario público 34 millones de euros en sueldos. Es todo un sarcasmo que miles de contribuyentes, en el paro o en el umbral de la pobreza, tengan que sufragar prebendas tales a unos funcionarios públicos. La iniciativa de la reducción fue del PSOE y contó con el respaldo del BNG pero no con el del PP. Y aquí está el ejemplo de la incoherencia. El PP, que está llevando en Galicia y en España una política de recortes sociales asfixiante, no apoya los del Concello por la única razón de que los proponen los socialistas. Y lo mismo puede decirse de la izquierda. A PSOE y BNG, abanderados contra la política de recortes del PP, no les tiembla la mano a la hora de restar 750.000 euros en prestaciones sociales a los funcionarios municipales. ¿En qué quedamos? ¿Hay defensa del dinero público, sea donde sea, o todo es política partidista? Con esos comportamientos no me extraña que la palabra político (que debía ser sinónimo de responsabilidad y orgullo) sea una de las más denostadas en este país.
Los datos Son tres los que hablan de la situación de Ourense. Por un lado, los 30.407 desempleados. Por otro, los 3.000 vecinos que perdió la provincia en el 2012 (330.257 habitantes frente a los 430.159 de 1981) y, como guinda, la decisión del obispado de cerrar la iglesia de Santa María Nai, icono turístico en el casco histórico, por no poder atenderla. Nadie se salva de esta agonía que ven, y sufren, la mayoría de los vecinos ante la miopía de quienes tienen la misión de evitarla.