Hoy se cumplen dos años desde que Catalina Macías Vega, que entonces tenía 77 años y que es conocida entre sus vecinos como Pepa, llegó a su casa en Vilaboa (A Veiga). Había estado pasando una temporada con su hija en su casa en Redondela, pero quiso regresar al oriente ourensano. No dejó que sus familiares entrasen en la vivienda, en la que dejó la maleta, y ahí se le perdió la pista.
Se llevó el bolso con la documentación, y poco más, apenas la ropa que llevaba puesta. La búsqueda se centró en los montes que rodean la vivienda, e incluso en el cercano embalse de Prada. Pero no hubo suerte. También la buscaron en los conventos más cercanos, ya que la mujer había dicho a su familia en varias ocasiones que acabaría ingresando en uno. Pero tampoco por este lado hubo resultados. Su hija ha defendido siempre la teoría de que su madre habría ingresado en una congregación religiosa, pero las investigaciones llevadas a cabo por la Guardia Civil no han logrado dar con su paradero.
Reiterado. No era la primera vez que Catalina desaparecía, pero siempre acababa llamando a su hija.