«O PSOE precisa refundarse e non terlle medo á disidencia»

«Animei a Touriño para que Pachi fose líder provincial e equivoqueime»

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A lo largo de su vida, Gonzalo Iglesias Sueiro ostentó muchos cargos y vivió muy diversas etapas políticas, profesionales y personales. Ahora, echando la vista atrás, señala las relaciones afectivas como su mayor patrimonio. No por ello reniega de su pasado como personaje público, pero sí asume que -al borde de la jubilación y fuera ya de la primera línea política- «os ciclos hai que pechalos porque senón péchaos outro por ti».

Lo dice un hombre que pasó de militar activamente en Acción Católica a tener altas responsabilidades en el Partido Comunista. Los libros prohibidos que leía en la trastienda de la Gráfica Estanco y la corrupción del régimen franquista forzaron el cambio. Tan convencido quedó, que llegó a enfrentarse con Carrillo en defensa de las tesis leninistas y estalinistas. Ese no sería, sin embargo, su último volantazo en política. Tras un viaje en los setenta a los países comunistas del Este descubrió que los logros del comunismo estaban «idealizados». «Tiña razón Carrillo», concluye Iglesias Sueiro, que acabó virando «por pragmatismo» hacia el PSOE.

De manera paralela a su carrera política, fue desarrollando también su carrera profesional en el magisterio. El oficio lo heredó de su madre, que dirigía un colegio en Parada Justel. Él lleva 46 años dedicado a enseñar y tiene una idea formada sobre el sistema educativo. Dice que prefiere la relación maestro-discípulo que la de profesor-alumno porque la primera implica una formación más amplia. En este contexto recuerda a los griegos clásicos, que «avalían ás persoas e non só os coñecementos».

Hubo un momento en que la carrera política y la profesional de Iglesias Sueiro confluyeron en un lugar muy concreto. Ocurrió en Xinzo, donde además conoció a su mujer. Siendo director del Rosalía de Castro, en el año 1990 le ofrecieron encabezar la candidatura del PSOE a la alcaldía. No lo consiguió hasta el tercer intento y, lo que podría haberse interpretado como un gran éxito, es su peor recuerdo en política. Se hicieron muchas cosas, dice, pero no se supieron transmitir, un error habitual de la izquierda, dice.

«É a etapa que recordo con máis amargura», admite Iglesias, que más tarde, con el bipartito de la Xunta, tuvo su compensación. Su trabajo como delegado de Educación fue incluso reconocido por los profesores y funcionarios de la provincia, que le dedicaron una decena de comidas de despedida. Por Touriño siente admiración y se arrepiente de haber promocionado a Pachi Vázquez. Según cuenta, una reunión en el San Miguel con Zapatero fue el germen de su integración en la dirección provincial de los socialistas. «Equivoqueime», dice Iglesias Sueiro, muy crítico con la situación actual del PSOE. El partido, dice, precisa «refundarse e non terlle medo á disidencia».

Ahora, en cualquier caso, el ve las cosas «desde a grada». Y, por eso, porque ahora valora más que nunca las relaciones afectivas, disfruta como un padre primerizo de sus dos hijas etíopes, de su hijo Gonzalo y de su mujer, aunque no por ello olvide lo que el pasado le quitó o le dejó de dar.

gonzalo iglesias sueiro

64 años

Maestro

«Pasei a miña infancia na Alameda, cando era ben distinta a agora. Entón era máis comercial e os nenos xogabamos a pedradas».

Iglesias, en la Alameda, con la casa donde nació al fondo. pablo araújo
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