La repercusión de las llamas

El edificio que ardió en O Carballiño sigue cerrado dos meses después

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El 12 de noviembre de 2011 es una fecha fatídica en la historia más reciente de O Carballiño. Es la fecha en el que siete personas, entre ellas un pequeño de 4 años, resultaron heridas de diversa gravedad debido al incendio que se produjo en el portal de un edificio de las galerías de Magariños.

Las consecuencias más graves se concretaron, desgraciadamente, el pasado 19 de diciembre al fallecer uno de los afectados, el ex concejal socialista Edelmiro Mateo, pero sus vecinos tampoco han podido volver aún a la normalidad.

La familia del pequeño Marcos G.P., una de las que más daño sufrió al ser necesario ingresar al niño, a su madre y a su abuela debido a sus heridas, sigue pendiente de los médicos. En A Coruña con el menor de la casa que evoluciona bien de sus heridas y ya está ingresado en planta desde hace unos días después de casi dos meses en la UCI y en Vigo con la abuela, después de que la madre recibiera el alta médica aunque sigue convaleciente. La viuda del ex concejal se recupera del trágico suceso en la vivienda de un familiar y los dos policías locales, que arriesgaron su vida desalojando el inmueble, siguen de baja tras inhalar una gran cantidad de humo del que produjo la sobrecarga en el cuadro de contadores. El edificio siniestrado sigue cerrado para sus residentes, cuarenta personas en las veintiocho viviendas repartidas en ocho plantas, mientras se prolongan los trabajos de reparación de los numerosos daños causados por el fuego.

Traslados

La presidenta de la comunidad de vecinos, Elvira Abraldes, reconoce que siguen sin tener una fecha de vuelta: «Están trabajando, eso sí, pero no sabemos nada de cuando podremos volver porque los daños fueron muchos y será aún una cosa de tiempo». Los residentes en el número 10 de la calle Tomás María Mosquera tendrán que seguir viviendo, por lo tanto, algún tiempo más como lo han hecho durante estas últimas semanas: con familiares, en una segunda vivienda o en un hotel, como es el caso de tres de los vecinos del edificio. Sí pueden entrar a sus pisos a recoger las pertenencias más necesarias. Los dos negocios que había en el entresuelo, la peluquería Rosly y un despacho de abogados, se han visto además obligados a trasladarse para poder seguir dando servicio a sus clientes, a una calle próxima y a las oficinas que tiene en Ourense, respectivamente. El resto de comercios de las galerías mantiene su actividad con normalidad aunque el estado del portal, cerrado, con puertas de madera provisionales protegidas con rejas y vallas y carteles advirtiendo de las obras, sirve de cicatriz para recordar una herida que conmocionó a la villa. Hay días que el desarrollo de los trabajos de reparación devuelven todavía el fuerte olor a quemado de la tragedia.

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