Imagen:Rafael, hijo y padre, posan en la zapatería con la que cuentan en la avenida de Portugal

Un oficio hecho a medida

Rafael Ficuciello comenzó a trabajar a los 10 años en un taller de zapatero. El único consejo que le da a su hijo es que tenga tesón y trabaje duro


La profesión en un arte mecánico, los oficios que dieron lugar a la industrialización a gran escala, han dejado casi de milagro algunos ejemplos en la provincia. La zapatería Ficuciello es un ejemplo. Frente a ella se encuentra ahora Rafael, hijo del entonces emprendedor ourensano de nombre también Rafael que cuando tenía 10 años y, por necesidad, aprendió a hacer zapatos.

Rafael Ficuciello Álvarez tiene 76 años y aunque resalta que ya está jubilado la zapatería sigue siendo para él su segunda casa. Hijo de una ourensana y un italiano (de ahí el apellido) subraya el recuerdo de cómo y cuándo se inició en su profesión: «Empezou todo así, por necesidade, non foi unha elección miña. Foi alguén que me deu traballo e resultou que era una zapateiro». Un amigo de la familia. Y empezó como se solía empezar. «Estaba de pinche, antes os oficios empezábanse así. Limpábamos os zapatos e varríamos o taller. Agora a cousa variou», explica. Su hijo le observa mientras sigue con un trabajo. El taller en donde aprendió el oficio se encontraba en la calle de Reza -hoy ya no existe- y allí estuvo varios años, pasó por otros talleres hasta que se dio cuenta de que ese sería su oficio. «Tiña 16 anos cando me din conta de que non podía facer outra cousa, porque xa sabía o oficio. Aguantei nunha empresa e no ano 1963 establecinme pola miña conta», relata.

Zapatos a medida

Primero hasta 1985 en la calle Bedoya y después hasta la actualidad en la avenida de Portugal. «Esa éche toda a historia», dice. Pero ha sido testigo de muchas cosas, del cambio de una sociedad que compraba zapatos para que le durasen toda la vida a una que antes de arreglar los que tiene prefiere comprar otros. «Nós faciamos e facemos zapatos a medida e ortopédicos para xente con dificultades nos pes. O da reparación é un complemento». «Non había tantas tendas e non se mercaban tres pares de zapatos ao ano. Se facían uns que durasen varios anos», explica.

El negocio que Rafael deja a su hijo no es el mismo que el encontró. «O do zapato a medida decaeu moito, practicamente solo queda o de zapato ortopédico, a pesar de que hai fábricas que o fan, pero son estándar e non gustan a toda a xente». Rafael hijo decidió, tras trabajar para otras personas, que un negocio propio era la mejor opción.

Asegura que desde niño vivió de cerca la profesión de su padre, en el taller, con las máquinas de confección de zapatos, que todavía conserva. Pero él, como su padre, no supo desde pequeño que ese sería su oficio. «A pesar de que estiven contento coa profesión que tiven, para os fillos sempre parece que queres máis, outra cousas. E eu fun o mestre, claro. Se ten gañas de traballar o vexo ben porque o negocio ten futuro. O que pasa é que a xuventude de hoxe non é tan tesoneira para traballar. Pero é unha satisfacción que continúe a saga», explica el padre

El vástago escucha atentamente. «De pequeño andaba metido por aquí y como no salí muy buen estudiante, mi padre me enseñó el oficio». Cuando el progenitor anunció su jubilación, Rafael tomó las riendas del negocio. «Que mi padre fuera mi maestro tiene cosas buenas y malas. Está siempre encima y le ve defectos a todo, pero sé que lo hace por mi bien y para ayudar», comenta.

Quedan pocas personas que sepan oficios pero este, el de zapatero, tiene asegurada una generación más.

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