Los pobres, cómo no, pagan el rescate


08/06/2017 08:14 h

Recibo una llamada de un viejo compañero de instituto que ahora reside en Madrid. Me quiere contar su experiencia de accionista del Banco Pastor, hasta ayer Banco Popular en el resto de España. Le pido permiso para grabar la conversación y, traducida al castellano, mi amigo se confiesa así:

«Hace unos años, tuve un grave problema de salud. Empecé a temer por el futuro de mi familia, porque mi mujer no encontraba empleo y mi hijo sufre una minusvalía. En aquel momento, el Banco Pastor ofrecía suscribir acciones para una ampliación de capital o algo así, creo que ya del Banco Popular. Y me convencieron: compré acciones por importe de 100.000 euros. La cotización no fue mal, pensé que había hecho una buena inversión y, pasados unos años, vendimos un pequeño piso e invertí otros 50.000 euros. La cotización siguió bien y mis acciones llegaron a valer 200.000 euros. Mi mujer me aconsejó vender, pero yo me cegué por los beneficios. Era una inversión a largo plazo, me estaba dando buena rentabilidad y era cuestión de seguir.

»Después, creo que ya en el 2016, la cotización empezó a bajar, pero en el banco me decían que era una cuestión coyuntural y que, si no necesitaba el dinero, no debía dejarme llevar por el pánico. Cuando las acciones empezaron a valer menos de lo que había invertido, me siguieron tranquilizando: seguía siendo coyuntural, lo mejor era resistir. Cuando llevaba perdido la mitad del dinero, ya no consulté: decidí esperar, porque no podía perder tanta pasta. Imagínate que al día siguiente empieza a volver a subir y me pego un tiro. La última semana fue la del pánico, llegué a pensar que a lo mejor incluso era el momento de comprar, que las acciones del Popular eran una ganga. Saracho hablaba incluso de mantener la independencia de la entidad.

»Y ya termino. Al cierre de sesión del martes, día 6, mis 150.000 euros iniciales valían 23.000. Y catorce horas más tarde valían cero euros, porque el Santander había comprado el Popular por un euro. Así me quedé sin los ahorros de mi vida. Los usaron para financiar la compra por otro banco. Me los quitaron primero por mala gestión. Después, sin mi permiso, para financiar nada menos que al Banco de Santander. Un robo legalizado por el Banco Central Europeo. Y todo para que ahora saquen pecho De Guindos y Ana Botín y digan que no se gastó dinero público. Sí, señores, ni un euro público. Solo el de unos accionistas atracados que pagamos los desastres de otros. Y los directivos del equipo anterior, disfrutando de sus millonarias indemnizaciones. Saracho se llevará otra millonada. Me cisco en la banca, en sus métodos y en quien metió su mano en mi diezmado capital».

Eso dijo mi antiguo compañero. Yo solo pongo la transcripción.

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