Escuelas y pensiones


No he bebido. Lo juro y lo prometo. Hablar de escuelas y pensiones no es una contradicción u oxímoron, que diría el pedante de guardia. Las futuras pensiones las van a pagar los escolares de hoy, así que cuantos más sean y mejor formados estén, más y mejor les irá a los inminentes pensionistas y a los que ya lo son, si esperan vivir cuando menos otros 20 años.

Igual que los próceres no pueden abrogar la ley de la gravedad, ni la de la oferta y la demanda, tampoco pueden mejorar nuestras perspectivas socioeconómicas. Lo siento por su vanidad. Quienes sí pueden son los jóvenes científicos, tecnólogos, emprendedores y técnicos profesionales. Si alguno halla cómo producir energía de forma más eficiente o cómo generar nuevos materiales a menor coste, su aportación a nuestro bienestar valdrá más que millares de normas jurídicas.

Pues bien, si más y mejores escolares son la indispensable simiente de nuestra prosperidad y fraternidad, conviene alertar que España no solo va mal, sino que va peor. España y todas sus comunidades, nacionalidades, regiones, naciones, cantones e hijuelas varias, porque todas sin excepción pierden niños y siguen a la cola de la eficiencia académica europea, por no ir más allá y compararnos con surcoreanos, taiwaneses o nipones.

Según el Monitor de la Educación y la Formación de la UE perseveramos en la cola de la eficiencia -considerada en euros invertidos en educación/resultados- y de la eficacia -somos los peores en abandono escolar-. Esto, unido al bajón del número de pupilos por la también bajísima fecundidad, no augura nada bueno. Como no actuamos sobre los fundamentos, vitales a 20 años vista, nos entretenemos con juegos cavallistas. Cavallistas por el enredante economista y exministro argentino Domingo Cavallo, que quiso arreglar los problemas estructurales de Argentina con una jerga cantinflesca, cambiando la moneda y las normas contables.

Remozó la fachada en vez de reforzar las columnas. Resultado: corralito y colapso. Así aquí, para huir del inmenso abandono escolar, cambiamos la ley y listo, en vez de cambiar las aptitudes y actitudes en la comunidad educativa.

Jerjes ordenó azotar el mar cuando una tormenta le impidió invadir Grecia. No faltará entre nosotros quien mande azotar el capitalismo, el imperialismo y el becerro dorado si fuere menester. Por muchos retoques cavallistas que apliquemos a las pensiones, como no fomentemos la fecundidad y la eficiencia académica no vamos a salvar nuestro estado de bienestar.

Alemania sube sus pensiones un 3’6 % en sus ex-comunistas Länder orientales y un 1’9 % en los occidentales. Puede hacerlo a pesar de su desastrosa demografía -los ricos germanos no quieren tener hijos-, porque su educación es premium y porque hicieron sus deberes a principios de este siglo, con el socialdemócrata Schröder. Nosotros, dado el retraso, tendremos que apostar al mix fecundidad + eficiencia educativa. Seamos por una vez serios y formales.

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