a torre vixía

Corrupción y desastre salen gratis


La situación política de los municipios urbanos de Galicia, medida por Sondaxe, podría resumirse en dos sorprendentes afirmaciones: que a los votantes de la derecha no les influye la balsa de corrupción que se abatió sobre el PP, ni los trazos de trama organizada visibles en Madrid, Valencia y Baleares; y que a los votantes del inenarrable revuelto de populismo, radicalismo, soberanismo y socialdemocracia, que se autocalifica como «nueva política», también les importa un rábano la inoperancia de sus alcaldes y la carencia de proyectos para nuestro tejido urbano. Vivimos, parece, en un país de ciegos y pasotas, más pendientes de sus inercias y sentimientos que de la política real. Y todo apunta a que las ineficientes coaliciones que gobiernan las ciudades han venido para quedarse, y para seguir disimulando sus catástrofes con una jerga política insoportable y vacía.

Este es, obviamente, el mensaje de los datos. Porque si he de explicar por qué hemos llegado a este punto, y por qué no sentimos necesidad de un cambio radical, tengo que confesarles que me siento incapacitado para hacerlo, ya que, a pesar de haber encontrado visos de racionalidad hacia una ruptura de equilibrios que hipotéticamente pudiese favorecer a la izquierda o a la derecha, no tengo ninguna explicación para este tozudo y esterilizador bloqueo que ni deja gobernar a los que reniegan de la vieja política, ni le da ninguna opción a los que creen que los cuarenta años transcurridos desde la transición son, en términos generales, los mejores de nuestra larga y voluble historia.

Para decirlo más claro, tengo la íntima convicción de que ninguno de los multiformes gobiernos municipales creados al amparo de la desafección y la indignación servidas por la crisis, merece repetir o mejorar los niveles de voto obtenidos en nuestras ciudades en mayo del 2015.

Pero, dado que esta impresión de pesadilla política y social ya la tuve hace dos años, y me equivoqué de medio a medio, espero que me perdonen que, no queriendo tropezar dos veces en la misma prueba, dé por buena la predicción poco halagüeña que, a salvo de insignificantes avances y retrocesos del PP, PSOE y BNG, vaticinó la encuesta de Sondaxe para nuestra política municipal.

Los municipios de Ferrol, Coruña y Santiago siguen sumidos en una crisis de gobernabilidad. Lugo y Ourense no van a superar la gobernabilidad vigilada y caprichosa que padecen sus gobiernos. Y solo en dos ciudades -Vigo y Pontevedra- se reflejan proyectos municipales claros, respaldados y estables. Una situación que, más allá de ser problemática para los municipios urbanos, proyecta una similar debilidad e incoherencia hacia una Galicia que se desangra en serodios localismos.

Algo que, a día de hoy, ni esperaba ni sé explicar. Porque las únicas razones que intuyo son casi irreproducibles.

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