Apalizar


Pugna no ya por asentarse sino por su reconocimiento institucional el verbo apalizar, recuperado por algún entusiasta deportivista tras el revolcón de los blanquiazules al Barcelona en Riazor. El mundo del deporte es escenario preferente para el empleo de apalizar: «Conte apaliza a Koeman y le quita el liderato a Guardiola», «White lidera al Canarias, que apaliza a un histórico europeo» son títulos de dos diarios deportivos. Pero el uso no se queda en el terreno de juego. Jordi Sierra i Fabra pone esto en boca de un personaje de El regreso de Johnny Pickup: «¿Sabes qué estoy viendo? A cinco polis negros apalizando a un blanco que se ha saltado un stop». Quizá porque encontró este verbo en otros dos autores catalanes, Marsé y Vázquez Montalbán, Seco le pone la marca de regional. Es posible que el catalán apallissar fuese su origen, pero hoy desborda aquel ámbito.

El problema de apalizar puede estar en la fórmula que se empleó para su creación. A una paliza de significado diáfano se le añadió una -r para convertirla en verbo y una a- protética (de prótesis, ‘adición de algún sonido al principio de un vocablo’, como en amatar por matar), presente en otros neologismos. El problema, decimos, está en que esa a- genera muchos coloquialismos y vulgarismos, entre los que está nuestro apalizar. Un caso notorio es el de apatrullar, puesto en circulación por el Fary en su canción Apatrullando la ciudad, que canta en la película Torrente. «Por la noche con su coche vigilando sin cesar / a tu amigo el policía, policía nacional» seguirá el estribillo «Apatrulla la ciudad, apatrulla la ciudad...».

Son innumerables los casos similares, aunque con distinto éxito: azanoria (por zanahoria), amostrar, atapar, afijar... Ademostrar aparece ya en algún documento del siglo XIII y revive en la descripción de un vídeo de YouTube: «Gran destreza ademostró el jinete...». Ricardo Carballo Calero nos muestra algunos en gallego, como arrodeo por rodeo, o amalló ‘cordón ou tira de coiro ou doutro material, que se usa para atar o calzado’ por malló, aunque la Academia Galega no ve en aquel el carácter vulgar que le atribuyó el profesor ferrolano.

Visto lo visto, no hay por qué emplear apalizar, sobre todo en contextos formales, cuando, además, nos sobran formas de expresar lo mismo: apalear, dar una paliza, golpear, vapulear, agredir... Otra cosa es que, donde proceda, se tome nota de su existencia y se precise su uso y significado.

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