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Hacia un mundo sin síndrome de Down


Hoy celebramos el Día Mundial del Síndrome de Down. Era muy fácil elegir la fecha: el 21 del 3 (estamos ante una trisomía en el cromosoma 21). ¿Qué celebramos? Debería ser sencillo explicarlo: la vida de las personas con síndrome de Down que, con sus limitaciones y sus fortalezas, forman parte por derecho propio de nuestra sociedad.

Pero mientras nos esforzamos por darles visibilidad (ahí está la chica francesa que ha presentado el tiempo en un telediario, por ejemplo), por garantizarles el cumplimiento de sus derechos (la manifestación de hace unos días reclamando su derecho al voto) y por desarrollar itinerarios de inclusión laboral, lo cierto es que no queremos que vengan a este mundo. Desde hace nueve años, en Islandia el 100 % de los fetos diagnosticados con síndrome de Down son abortados, convirtiéndose así en la primera nación en conseguirlo. Dinamarca está a punto de conseguirlo. Otros países, incluida España, van camino de lograrlo, pues actualmente más del 90 % de los fetos diagnosticados con síndrome de Down ya son abortados. Y ello a pesar de que la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad garantiza su derecho a la vida. Vivimos en una gravísima incoherencia.

Nuestra sociedad es mayoritariamente eugenésica. Me aterra y me repugna. Hoy deberíamos celebrar que todos los humanos somos distintos, que todos tenemos cabida en este mundo, que todos valemos y aportamos al conjunto.

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Síndrome de Down