la quilla

El gran desestabilizador


Mariano Rajoy, aún dolido por el bofetón parlamentario en la reyerta de la estiba, acaba de lanzar un ultimátum: o «algo de estabilidad» o elecciones y que las urnas repartan premios y castigos. O sopas o tortas. ¿Pero a quién conmina el presidente? ¿Quién tiene la obligación de proporcionarle unos gramos de estabilidad? No creo que la admonición la dirija a Ciudadanos, un partido que, pese al último desliz, ya ha anunciado su respaldo a los Presupuestos. Tampoco al PNV que, si bien no apoyó su investidura, asume el sentido de la responsabilidad que abandonaron los nacionalistas catalanes. Ni siquiera a la gestora socialista, cruelmente atrapada en el dilema de la copla: «Ni contigo ni sin ti / tienen mis males remedio; / contigo, porque me matas / y sin ti, porque me muero». Terrible disyuntiva la de Susana Díaz y sus huestes que Rajoy, hombre compasivo por naturaleza, comprende a la perfección.

El presidente sabe, y el 99 % de los opinadores comparten su sabiduría, que la inestabilidad la causa el zumbido del moscardón que creían haber aplastado con un certero golpe de mano en Ferraz. Un mocetón, proscrito por barones y padrinos, ligero de equipaje y huérfano de cargos desde que renunció a su escaño, que se empeña en demostrar que los ángeles tienen sexo y que el PSOE se ubica en la izquierda. El gran desestabilizador se llama Pedro Sánchez. Por su culpa se retrasan los Presupuestos. Por su contumacia no se atreve el Grupo Socialista a echar una mano en la gobernanza de España. Por su irresponsabilidad puede irse la legislatura al garete en pocos meses.

La socialdemocracia no tiene remedio. Cuando gobierna nos conduce al borde del acantilado o abraza las tesis de la derecha con la fe del converso. Cuando está en la oposición, torpedea al Gobierno, genera inestabilidad y siembra el caos. Ayer mismo me entero, por la pluma de John Carlin -el autor que llamó «miserables» a los madridistas que cuestionan la remontada «sublime» del Barça ante el Paris Saint Germain-, que los laboristas británicos son corresponsables del brexit. El Reino Unido se va de la Unión Europea no tanto por Cameron y los conservadores, sino por «la imperdonable frivolidad de la izquierda británica» y la «abismal ineptitud laborista». Palabra sagrada, te alabamos señor. Así se escribe la historia. A Carlin y a nuestro 99 % solo les falta rematar sus alegatos con una consigna contundente: Pedro Sánchez y Jeremy Corbyn, ¡al paredón!

Pero hay algo que no cuadra. ¿Cómo es posible que dos políticos que nunca gobernaron, y con respaldo electoral menguante, puedan provocar semejantes destrozos en sus respectivos países? Carlin nos ofrece una respuesta plausible: la frivolidad, puntualiza, no es atributo de Jeremy Corbyn, sino de la gente que lo votó. De lo que se infiere que tampoco Pedro Sánchez es el gran desestabilizador de nuestro país. Los grandes desestabilizadores son los millones de españoles que lo votaron y los militantes socialistas que, se sospecha, quizá lo voten en las primarias del partido.

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