A torre vixía

Hacia una oposición antisistema


Los antisistema son aquellos que, para arreglar el mundo de una vez, necesitan que todo deje de funcionar, que se derrumbe el modelo social existente y que se puedan construir nuevos paraísos sin las cortapisas de la historia y sin los condicionantes de los arquitectos que -como Calícrates, Brunelleschi, Le Corbusier o Niemeyer- amueblaron el mundo con joyas inútiles y demodés. Un buen antisistema sería el que, para ampliar las zonas peatonales de Roma, se atreviese a derribar la basílica de Letrán. O el que dejase colapsar el Partenón para construir un restaurante panorámico. Porque en la mentalidad del antisistema lo viejo se opone a lo nuevo, lo bello a lo práctico y lo impresionante a lo justo. Claro que los antisistema pueden ser de dos clases: esencialistas y estratégicos. Y conviene saber que, aunque los primeros son más barulleiros, los segundos son más peligrosos. 

Un antisistema esencial -como Pablo Iglesias- es el que cree haber descubierto valores, problemas y soluciones que los de antes no veían ni olían, y que, siguiendo la máxima «o falar non ten cancelas», trata de convertir su imaginario y miserable país en una Jauja de mieles y longanizas. Y un antisistema estratégico es aquel que, sin cuestionar los valores de la casta, sino su manera de administrarlos, está convencido -como Sánchez- de que los mejores gobernantes de cada época, y los que pueden emular a Pericles, nunca podrán ganarle al PP unas elecciones sistémicas, y que por eso es imprescindible tirar el tablero y jugar una partida alternativa, para ocupar el sillón de Rajoy y hacer -¡mucho mejor!- las políticas de Rajoy.

En lo que coinciden todos los antisistema es en tirar el tablero para poder arreglar el mundo, aunque luego se diferencian en que unos quieren montar un país que no lo conozca ni la madre que lo parió, mientras otros se conforman con poner el país que ya existe en las manos del platónico filósofo-rey. Por eso se entiende que tanto los antisistema esenciales -podemitas, independentistas, cuperos, mareantes y colaueros-, como los antisistema estratégicos -sanchistas, riveristas, comunistas y euroescépticos- estén orientando todas sus acciones y discursos a la obsesiva idea de derrumbar al PP mediante bloqueos continuados. Porque tienen la esperanza de que, si Rajoy no puede gobernar, sucedería lo mismo que si un terremoto global destruyese el Vaticano, el British Museum, Notre Dame de París y la ópera de Viena, y dejase sus solares disponibles para hacer polideportivos, pistas de patinaje y espacios para botellón y rap. Porque mientras les parece que en la situación actual el PP es invencible, por la vía del caos todo es posible. Y porque, si «a río revuelto, ganancia de pescadores», sería posible -¡por fin!- la reedición de Jauja, que es como un paraíso terrenal en clave laica.

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