corazonadas

El cuento de Schulz


Ya casi solo creen en Europa Schulz y la escultura esa del niño que mea que hay en Bruselas (el Manneken Pis). Schulz ganó ayer la presidencia de su partido a la búlgara en Alemania. Falta por ver si será capaz de superar a Ángela Channing, perdón, digo, Merkel, en las elecciones de septiembre. Martin Schulz logró todos los votos, algo que no pasaba en el SPD desde la Segunda Guerra Mundial. Las encuestas, ese veneno, lo coronan. Aunque vencer en las encuestas, hoy por hoy, puede significar lo mismo que ser hincha del PSG antes de un partido de vuelta. De Schulz dicen que es la esperanza de la socialdemocracia europea. ¿Todavía existe la socialdemocracia? ¿Aún existe Europa? Los socialistas griegos casi desaparecieron. Los holandeses acaban de seguir ese camino de descenso. En España, el PSOE tiene tres candidatos y parece que un único destino: dañarse. Los tres dicen que son de izquierdas, pero nadie les cree. A Patxi, porque gobernó con la derecha. A Sánchez, porque pactó con Rivera antes de descubrir el filón del no es no. A Susana, porque también va de la mano derecha de Ciudadanos y encima todo su discurso político se basa en las personas y los sentimientos: una obviedad. Lo único que tiene a la izquierda Susana es el corazón, como todos los seres humanos. Schulz cree que él sí podrá revertir el siniestro total socialista. Es exbebedor y exlibrero. Fue presidente del Parlamento Europeo y lo quiere ser de Alemania, que es lo más parecido que hay a presidir el herido continente. Enfrente: Merkel, que va a por la cuarta Champions. ¿Le saldrán al cuento de Schulz las cuentas?

 

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