0
0
0

a torre vixía

Una jugada maestra

23 de enero de 2016. Actualizado a las 12:50 h. 249

0
0
0

La jugada es maestra porque el todavía presidente se mueve en dos hipótesis. Que Sánchez fracase y se cambien las tornas, y que, mientras su radicalizado adversario es triturado por el PSOE, se convoquen nuevas elecciones en olor de multitud. O que Sánchez obtenga una victoria pírrica, y reúna el aquelarre necesario para okupar la Moncloa. Y en ese caso mi amigo Mariano emprenderá el camino de su casa, sin prisas, con enorme dignidad, y esperando a que la historia le devuelva -como hizo con Suárez- los méritos y deméritos que la cruel inmediatez le está negando.

También es una maniobra maestra porque tiene la perfecta factura de una llave de yudo, que utiliza la obtusa fuerza del contrario para precipitarlo al suelo. ¿Querías probar? Pues prueba. ¿Tenías un proyecto? Pues acepta ya las pretensiones de la CUP, del PNV, de Junqueras y de las Mareas; acepta también una expansión desmesurada y demagógica del gasto público; deroga toda la normativa que está funcionando para volver a la que fracasó, y empieza a gobernar por las mañanas. Y por las tardes -porque con el Gabinete que viene es mejor no gobernar todo el día- haces discursos bolivarianos sobre la democracia, y afrontas, sin votos ni consensos, una reforma constitucional que nadie te podrá votar.

La jugada es maestra, en tercer lugar, porque obliga al rey a actuar con celeridad, porque las consultas están hechas, candidatos posibles solo hay uno, y, salvo que la Corona intervenga de una manera anticonstitucional en la política, no hay razón para retrasar un trámite que, aunque no tiene plazos ni fórmulas taxativamente establecidos, debe efectuarse con normalidad y sin servir a la carta retrasos estratégicos. El lunes debería haber candidato. Y ni el rey ni el presidente de las Cortes tienen derecho a amoldar el proceso a las conveniencias de un candidato que está obligado a competir por el poder, y que ya explicó sus intenciones, sus coaliciones y sus programas a la salida de la Zarzuela, mientras su vicepresidente le hacía medio Gobierno.

La última exhibición de Rajoy -a quien no quise alabar así mientras tuvo poder- fue la rueda de prensa que ofreció ayer a la noche, donde dejó claro que su renuncia no es absoluta; que si tiene otra oportunidad fiable para intentar su investidura no la dejará pasar, y que no va a establecer jueguecitos de cromos con otros candidatos del PP que solo servirían para convertir su victoria en derrota y para morir como bueyes de piraña mientras el PSOE vadea la corriente. También dijo que en el sueldo de los políticos tanto luce la normalidad en la victoria como la tranquilidad en la derrota. Una exhibición de aquellas políticas que hacía la casta a comienzos de la transición, que ya no se representan, lamentablemente, en los cutres escenarios de la nueva política. ¡Chapó, Mariano!

Publicidad