0
0
0

la quilla

PP-PSOE, una coalición de perdedores

21 de enero de 2016. Actualizado a las 05:00 h. 83

0
0
0

El 20D hubo dos claros perdedores. En el ámbito de la derecha, el PP cedió un tercio de los votos y de los escaños que había obtenido en el 2011. En la ribera de la izquierda, el PSOE se dejó, aproximadamente, la quinta parte de votos y diputados. Y hubo dos vencedores incuestionables, porque partían de cero. En el campo de la derecha, Ciudadanos cosechó 3,5 millones de votos. En la izquierda, Podemos y sus coaliciones aliadas obtuvieron 5,2 millones de sufragios. En resumen, las dos fuerzas tradicionales conservaron su primacía en sus respectivos hemisferios, pero más de cinco millones de ciudadanos les retiraron la confianza y el granero menguó un 28,7 %. Y los dos partidos emergentes estrenaron su casillero con 8,7 millones de votos. Si estos datos no expresan una contundente voluntad de cambio por parte de los ciudadanos españoles, baje Dios y lo vea: yo ya no entiendo nada.

A la vista de aquellos resultados, la derecha tradicional -PP, poderes mediáticos pre-redes sociales, el ala más liberal del PSOE- y la nueva derecha -Ciudadanos- propugnan una gran coalición, bajo los estandartes de la rosa y la gaviota, para cerrar el paso al populismo izquierdoso y al nacionalismo irredento. Una cruzada del PP y del PSOE, los dos caídos, contra el mensaje de cambio que emitieron las urnas.

Dos tesis subyacen en tal planteamiento. Primera: los ciudadanos se equivocaron al crear un galimatías irresoluble y los partidos -el PSOE, sobre todo- tienen el deber, en aras de los supremos intereses de la patria, de enmendarles la plana. Y segunda: la política económica y social aplicada en España, desde mayo del 2010 -Zapatero- hasta nuestros días -Rajoy-, es la única posible, mal que les pese a la mitad de los españoles, que buscan soluciones milagrosas o un mero bálsamo para sus padecimientos.

Si aceptamos tales tesis, está claro que el futuro de España queda en manos del PSOE. Si los socialistas se suicidan «responsablemente», arrojándose en brazos del PP, el país se salva. Si se suman al aventurerismo y a las supuestas ansias de poder de Pedro Sánchez, el país embarranca. Expresado así puedo entender -aunque no compartir- el llamamiento de la derecha a la gran coalición. Pero el argumento deviene en peregrino cuando se añade que el apoyo al PP, por acción u omisión, favorece al Partido Socialista. De qué modo, solo Dios lo sabe. El PSOE, cuyos votantes son de izquierda en su mayoría, sufre una intensa sangría en beneficio de Podemos. Pues bien, ¿puede explicarme algún sociólogo cómo, arrimándose más a la derecha, puede detener la hemorragia? ¿Disputándole al PP su reino?

Dígase de una vez: la fórmula de la gran coalición lleva la patente de la derecha, que la explota en su exclusivo beneficio. Haga la prueba el lector. Si alguien se la vende como muestra de responsabilidad o sentido de Estado, pregúntele simplemente a quién ha votado. Comprobará usted que, invariablemente, se halla ante un votante del PP o de Ciudadanos. Los únicos patriotas.

Publicidad