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la quilla

Defensa egoísta de los refugiados

14 de enero de 2016. Actualizado a las 05:00 h. 55

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Como esto de la solidaridad atraviesa horas bajas en Europa y en el mejor de los casos se confunde con limosna, no hablaré de derechos humanos, sino de intereses económicos. No hablaré de refugiados que escapan de la guerra ni del derecho de asilo, sino de inmigrantes que buscan el pan o un rincón pacífico para alojar sus huesos. Hablaré de lo que nos cuestan y de lo que nos aportan. No apelo al corazón, ni siquiera a nuestro pasado de pueblo errante que debería agudizar nuestra sensibilidad, sino a nuestro bolsillo baqueteado por la crisis. Asumo por esta vez el papel de contable de banco, como acaba de hacer el Deutsche Bank al enumerar los beneficios netos que los refugiados aportarán en los próximos años a la economía alemana.

Entre las creencias de gran arraigo popular que considero, además de detestables, más infundadas, se lleva la palma la estigmatización del inmigrante. Dicen las encuestas que siete de cada diez españoles creen que los inmigrantes nos quitan el trabajo y aceptan salarios más bajos, colapsan la sanidad, acaparan las ayudas públicas y fomentan la delincuencia. Poco importa que los datos, desde que las estadísticas existen, desmientan tales presunciones. O que ningún economista serio haya encontrado prueba alguna que las confirmen. Al contrario: los inmigrantes crean empleo, usan menos los servicios sanitarios públicos que el español medio, soportan una tasa de paro muy superior y el índice de delitos cometidos por el colectivo extranjero es irrisorio.

Que la inmigración se visualice como un problema resulta aún más sorprendente en un continente -Europa- y en un país -España- que padecen una galopante crisis demográfica. Si cada vez hay más viejos y cada vez menos jóvenes, ¿quién pagará las pensiones del futuro? ¿Sabían ustedes que, dentro de siete u ocho años, la cohorte de españoles de 20 a 29 años se reducirá un 25 %, y la de 30 a 39 años se achicará un tercio? ¿Quién mantendrá, llegado el momento, las fábricas y los comercios en funcionamiento y quién sostendrá nuestro confortable geriátrico en expansión?

El Deutsche Bank, que no es precisamente una oenegé, calcula que la oleada de refugiados sirios -trabajadores de «alta cualificación» y treinta de cada cien, menores de 18 años- aportará 1,5 puntos de crecimiento a la economía alemana en los próximos cinco años. Superado el problema de adaptación y los gastos iniciales, serán ellos, dice la entidad, quienes posibilitarán «que se mantenga el actual sistema de pensiones».

Alemania, con una estructura demográfica aún más envejecida que la española, espera recibir 5,25 millones de inmigrantes en la próxima década, repartidos casi a partes iguales entre refugiados y buscadores de oportunidades de trabajo. De España no tenemos noticia -los políticos están enzarzados en otras lides-: no sabemos aún si aspira a convertirse en país de acogida o en proveedor de emigrantes para las fábricas y hospitales... de Alemania.

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