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La quilla

El año comienza mal

05 de enero de 2016. Actualizado a las 05:00 h. 42

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Todos queremos saber lo que nos deparará el futuro. Cada uno, en su afán de escudriñar ese territorio ignoto, acude al oráculo que mejor cuadra a su formación y a sus creencias. Consultan los crédulos y supersticiosos a videntes, astrólogos o pitonisas. Y repasan los racionalistas, que solo depositan su fe en la ciencia predictiva de la economía, los índices bursátiles que anticipan el porvenir. Así las cosas, tengo malas noticias para unos y otros. El año 2016 llega cargado de malos augurios: lo dice Nostradamus. Y entra con mal pie: lo dice la bolsa de valores.

Nostradamus pronostica para este año el derrumbamiento de la economía mundial, además de otras catástrofes no menores como el inicio de la tercera guerra mundial, que durará veintisiete años. No tomen a chanza las profecías del fascinante personaje que, según sus intérpretes y apologetas, predijo, con cuatro siglos de antelación, la ascensión de Hitler, el asesinato de Kennedy y el atentado de las Torres Gemelas. También la crisis que atravesamos. «Los hombres ricos morirán muchas veces», anunció, y si ustedes cambian la palabra hombres por países, ya se imaginan lo que quiso decir. Alguna de esas veces ya hemos muerto, constato.

Toda la historia de la humanidad, hasta el fin del mundo en el año 3797, la dejó escrita el sabio médico francés. De forma críptica, cierto, pero descifrable a posteriori. ¿Acaso la irrupción de los damnificados de la crisis en la escena política no la describe esta frase de Nostradamus: «Cuando no haya más espacio en el infierno, los muertos saldrán de sus tumbas»? ¿Y qué me dicen de esta otra cuarteta, que anticipa los resultados del 20D: «La gran bolsa vendrá a levantarse a llorar / de haber elegido: engañados serán de vez en cuando. / Pocos con ellos querrán permanecer, / decepcionados serán por los de su lenguaje».

A mí estas cosas de Nostradamus nunca me quitaron el sueño, hasta que llegó la noticia del descalabro de la bolsa china y su impacto en Europa. Los mercados financieros, dicen los gurús, son el Nostradamus de la economía: anticipan el cambio de tendencia o de ciclo. Alarmado, aún resacoso tras la Nochevieja, examino la evolución de la bolsa española durante la crisis. Y mis temores se confirman. El desplome bursátil del 2008 (-39,4 %) preludió el desastre económico del 2009. La subida del índice en el 2009 (+30 %) anticipó los efímeros «brotes verdes» del 2010. La segunda recesión también llegó precedida de fuertes caídas bursátiles. Y el alza del 2013 (+21 %) anunció la recuperación de los dos años siguientes. ¿Qué presagia entonces el recorte del 7,15 %, experimentado por la bolsa española en el 2015? Y otro dato no menos inquietante: las empresas del Ibex 35 ganaron el año pasado -hasta septiembre- un 18,8 % más que el año precedente, pero sus cotizaciones bajaron un 7 %. Ganan más, pero valen menos. ¿Alguien puede explicar la paradoja?

Volveré a leer a Nostradamus. Pero ahora con menos coña.

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