«Basta ya de emigración»


Se despidió con un gesto entre la decepción y la incredulidad después de ayudarnos a conseguir, de madrugada, un taxi a un precio razonable para bajar desde el aeropuerto al centro de Adís Abeba. Joven, no más de veinte años, y con estudios, trabajaba toda la noche en la terminal tratando de conseguir clientes para uno de los hoteles de la ciudad. Nos preguntó qué podía hacer para venir a Europa, donde estaba segura que podría encontrar un trabajo con el que ayudar a sacar adelante a sus hermanos. Agradeció con educación las explicaciones sobre lo difícil que se puso conseguir papeles y trabajo, pero no abandonó la idea de que, pese a tener empleo en su país, al otro lado del Mediterráneo las cosas no podían irle peor que allí.

Están siendo ahora unas semanas de un dolor inmenso. Emigrantes etíopes fueron víctimas de violentos ataques xenófobos en Sudáfrica, alentados por un rey zulú que azuza el odio al extranjero. Muchos de los ahogados estos días en el Mediterráneo son jóvenes de barrios como en el que vive la chica del aeropuerto. Y de allí partieron también en busca de mejor futuro los 28 asesinados en Libia por los terroristas del Estado Islámico. Demasiado para seguir creyendo que el paraíso existe.

Una multitudinaria marcha de dolor que convocó el gobierno por esas muertes terminó en una batalla campal entre jóvenes y policías. «Basta ya de emigración. Queremos cambios en nuestro país para poder seguir en casa», gritaban los manifestantes. Unas voces que no estaría mal que escuchasen también los líderes europeos reunidos en Bruselas. La inmigración no se frena con patrulleras. Ellos se quedarían en su hogar. Si pudiesen.

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