El CIS confirma el empate del PP y Podemos


Aludiendo a la cocina, el portavoz socialista en el Congreso, Antonio Hernando, asegura que en el CIS manipulan los datos para perjudicar a su partido, trasladando al elector la idea de que este organismo, en realidad, es una herramienta propagandística al servicio del Gobierno. Hernando es un político en apuros incapaz de entender que el 27,3 % estimado por el CIS para el PP en su barómetro de enero está a casi veinte puntos del 44,6 % alcanzado en el año 2011 por este partido, que casualmente es el que gobierna. No es ni mucho menos como se imagina el dirigente socialista, aunque hayamos cuestionado en estas páginas algunas de sus estimaciones, como la correspondiente a las elecciones europeas del año 2009, precisamente porque dieron ganador al partido del Gobierno, que era el PSOE, cuando con esos datos y con cualquier técnica de estimación que se aplicara, ganaba el PP. Su número es el 2.800 y se puede consultar en la red.

El barómetro de enero del CIS trae novedades y además son importantes. Desde el punto de vista técnico, nuestros cálculos son discrepantes con sus conclusiones numéricas. Aunque esto es normal en estos tiempos, porque la matriz de transferencias de voto publicada por Metroscopia en el mes de enero, por poner un ejemplo, tiene poco que ver con su estimación de resultados. Con esos datos y nuestras técnicas, el PP está situado en el 26 % de los votos válidos y no en el 19,2 %, lo mismo que el PSOE, que estimamos en el 18 % y no en el 23,5 % de esa encuestadora. De hecho, la situación que definen esas transferencias del mes de enero de Metroscopia es la misma que se puede calcular con los datos del barómetro de enero del CIS. Los problemas son técnicos, y lo que sucede es exactamente lo contrario de lo que se imagina Antonio Hernando.

Podemos ha empatado con el PP por encima de los seis millones de votos, mientras que la fidelidad de los socialistas (38,8 %), ha caído diez puntos respecto al barómetro anterior. El PSOE está situado, por primera vez en su historia, por debajo del 20 % de los votos válidos en España. Esto no lo refleja la estimación del CIS (22,2 %), pero sí sus tablas de resultados. Este dato es central, porque viene a significar que Pedro Sánchez, un candidato idóneo por la naturaleza de la contienda, que generó cierta expectativa, contrastada en datos, no ha sido capaz de levantar esa losa que ya es el PSOE, con su autoridad andaluza, su colección de perdedores, como Tomás Gómez y Carme Chacón, o sus flamantes candidatos, como Ximo Puig. Más importante de lo que parece, porque confirma que el muy andaluz PSOE no es capaz de ilusionar. Susana Díaz será alguien en su tierra, pero en España es pura intriga, equilibrio de poderes, sobreactuación, interés partidista y ambición personal, lo que en nuestros días conduce a la autorrepresentación.

El CIS insiste en la ruptura de las generaciones más jóvenes con el orden preexistente. Se quiera ver o no, este ciclo es constituyente, ya se ha iniciado y así lo refrendarán las urnas.

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