Andalucía, Grecia y Villar del Río


El día 22 de marzo se celebrarán unas elecciones doblemente anticipadas en Andalucía: un año sobre su fecha y dos meses respecto a las elecciones municipales en España. Ese día están convocadas a las urnas 6,2 millones de personas configurando el censo de residentes (CER), y otros 200.000 electores afincados en el extranjero (CERA), que carecen de sufragio, porque su voto es rogado o censitario y se abstienen masivamente.

El hemiciclo de Andalucía totaliza 109 escaños, que se eligen en ocho circunscripciones, asignándose 8 a cada una (64) y los 45 restantes de forma proporcional a la población de derecho de cada provincia. Esta ley electoral resta escaños de las circunscripciones más pobladas (-7 en Sevilla, -4 en Málaga y -1 en Cádiz), que se distribuyen entre las menos pobladas, que son Huelva (+4), Almería (+3), Córdoba (+2), Jaén (+2) y Granada (+1). La LEA establece un porcentaje de exclusión del 3 % de los votos válidos que nunca entra en juego, porque el último escaño se consigue con el 5 % en Sevilla, Málaga y Cádiz, hay que superar el 6 % en Almería y Granada y acercarse al 8 % en Jaén, Córdoba y Huelva.

La decisión de Susana Díaz parece acertada, sepa o no ganar al PP. Sobre todo, porque los americanos ya han pasado. En Villar del Río la vida vuelve la normalidad y la gente empieza a pensar en su partido de toda la vida; la política real griega está desactivando la ilusión colectiva del asalto ciudadano al poder parlamentario, la renovación completa de la clase política y el orden nuevo. En la medida en que Grecia se olvide de la moratoria en el pago de su deuda, la propuesta política de Podemos perderá fuerza en España, pero también en Andalucía. Y cuando esta marea del juicio sumarísimo a la clase política haya bajado, y puede hacerlo antes de marzo, se oirán voces en los territorios, como Mónica Oltra en la Comunidad Valenciana, advirtiendo a los candidatos de Podemos que lecciones, las justas.

Hay contienda en Andalucía, con el PSOE y el PP en el umbral de los cuarenta escaños. Mandan los socialistas, aunque con poca ventaja, porque Podemos se hace con veinte actas y esto se llama pluripartidismo, sus resultados se insertan entre el primero y su prima electoral. Y como no podía ser de otra forma, IU-LVCA defiende su espacio, siendo como son, y a pesar de Podemos. Son diez actas, pocas para entrar en juego, pero no son oportunistas, ni televisivas, ni entienden mucho de márketing. Son como son y están ahí desde siempre, lo que ahora, que baja la marea, es mucho más que un valor.

Pedro Escobar o Mónica Oltra defienden el espacio electoral que pretenden los candidatos socialdemócratas de Podemos. Ya se pueden preparar, porque Tsipras le ha dado la razón al extremeño, que se puso enfrente del PSOE y de quien hizo falta en el año 2011, con menos ciencia pero con más sinceridad que Pablo Iglesias. Y contra la presidenciable de Compromís, Mónica Oltra, lo mejor que le puede pasar al candidato de Podemos es que se fije en otro; como venga a por ti, te arrolla.

Jaime Miquel es analista electoral.

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