Nordés

Suma y sigue

foto de Ramón Pernas
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Cuando era un rapaz y mi pequeño mundo acababa en los informativos de la radio con sus ingenuas columnas de opinión que ponían a mi alcance nuevos horizontes y me contaban cómo era el mundo que comenzaba donde terminaba mi pueblo, escuchaba a Manuel Roldán y su Suma y sigue. Vaya desde aquí mi párvulo homenaje a su memoria.

Y dicho esto quiero subrayar enfáticamente que no hay mayor escándalo político que constatar que en España hemos llegado a seis millones de parados. Es el fracaso real de un Gobierno que en un solo año, el quinto de la crisis, incrementó en 700.000 el número de desempleados. Y el drama es que se circunscriba a una cuestión meramente estadística cuando la emergencia nacional es notoria. Se han traspasado todas las hipotéticas líneas rojas, y la alarma social no solo la provoca la corrupción económica, la mano, las manos en el cajón, porque no es menor la corrupción en la gestión pública de quienes son incapaces de contener la sangría del paro.

Articular una nueva legislación laboral que iba a resultar la panacea para parar el tsunami de la destrucción de puestos de trabajo solo ha servido, al año de su promulgación, para añadir 700.000 nuevos desempleados al suma y sigue que no cesa, y para abaratar notablemente la amortización de puestos de trabajo acercándonos a la vieja reivindicación de los empresarios liberales de tener un despido libre.

No voy a insistir en un balance apresurado del que la preocupada sociedad española es más que consciente, ni volver a señalar que hemos perdido a toda una generación de españoles, ni siquiera contar que resulta excesiva nuestra subordinación a los criterios de Bruselas, que incluso ayer, viernes, nos han vuelto a regañar por «los costes excesivos» del seguro de desempleo. No, solo quiero recordar que España es un país con una gran capacidad para crear riqueza, que hay dinero aunque esté desubicado, mal repartido, que tenemos un vivero de emprendedores preparados para crecer cuando se desbloquee el crédito bancario, y esto tendrá que arbitrarse vía BOE, «por imperativo legal».

Y debo añadir que desde el Gobierno debe propiciarse un gran pacto nacional por el empleo, un pacto paliativo contra el paro que movilice desde los líderes de opinión hasta el empresariado, los sindicatos, las asociaciones civiles, las instituciones y la Iglesia, más allá de fuegos de artificio o los grandilocuentes juegos florales con la dialéctica de siempre. Invito a los medios de comunicación a elaborar un editorial conjunto que marque urgencias y calendarios para detener esta hemorragia.

No sirve la resignación que nos venden como inevitable y menos aún que un secretario de Estado nos avise de que este año el paro va a seguir creciendo y al otro ya veremos. Es la hora de decir basta para no seguir ad infinitum el suma y sigue.