Desde la corte

Crisis social sin precedentes

foto de Fernando Onega
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El paro más alto de la historia. Estamos entretenidos con las corrupciones, el carajal catalán, el dinero de Bárcenas y todas las demás barbaridades, y España se está desangrando por el empleo. Durante el año pasado se han destruido algo así como dos mil puestos de trabajo diarios. Es decir, dos mil dramas personales o familiares cada día. Si resultan ciertas las previsiones del Fondo Monetario, este año en que estamos las cosas irán a peor por la caída de la economía que anuncia. Hay que empezar a preguntarse cuánto puede resistir este país esa situación de emergencia. Y hay que empezar a preguntarse, antes de nada, cuánto pueden resistir las personas y familias que sufren el drama y no tienen siquiera esperanza de colocación.

Los datos de la EPA son sencillamente horribles. Tenemos un 55 % de jóvenes sin empleo, lo cual confirma que se está perdiendo una generación. Se acercan a los dos millones las familias que tienen a todos sus miembros en paro, lo cual significa que están viviendo en una situación de pobreza. Y faltan 35.000 despidos -quizá los de los ERE que ahora mismo se están tramitando- para completar la cifra espantosa de los seis millones de desempleados. Esto es una crisis social sin precedentes. Esto es el comienzo del círculo vicioso que más tememos: con mucho paro disminuye el consumo, sin consumo no hay producción, sin producción hay más paro, y vuelta a empezar el círculo. ¿Cuántas veces he descrito ese círculo infernal? Dramáticamente se sigue repitiendo. No conseguimos salir de esa condena.

Frente a ello, ¿qué tenemos? Una especie de autosatisfacción gubernamental que pone todas sus esperanzas en que se pueda crear algo de empleo a partir del 2014, porque sus reformas harán milagros o habrá terminado el ciclo de la recesión. Es algo así como la aceptación de una tormenta de la que solo nos podemos salvar cuando se aparten las nubes. Vemos que hay ofertas de pactos para la corrupción, con el objetivo de salvar la cara ante la vergüenza de los escándalos. Pero no hay nadie que, al menos para demostrar algo de sensibilidad, convoque a las fuerzas sociales y partidos para hacer un pacto por el empleo. Ese es el auténtico escándalo: la falta de una mínima humildad para preguntar a los demás qué se puede hacer y la falta de una mínima generosidad para un acuerdo general.

Se nos invita así a una resignación indefinida, en espera de señales en el cielo. Se nos invita a aceptar la desgracia como algo inevitable, con el agravante de quienes dicen que el paro español es algo estructural. Yo solo pregunto desde la desesperanza cuántos parados más hacen falta para que los poderes públicos entiendan que estamos ante una emergencia nacional.

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