a mi bola

Escaños con letra pequeña

foto de Mariluz Ferreiro
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Los grandes números suelen guardarse en la letra pequeña. Es la costumbre. Se da por sentado en los contratos de telefonía, en los acuerdos bancarios, en los términos de las aseguradoras. Sucede como con Messi. En ambos casos el regate se les supone. Lo que el ciudadano no espera es que los representantes del pueblo también intenten hacerle un caño con rabona incluida. Será la ingenuidad de creer que, a pesar de todo lo llovido en los últimos tiempos, algo tiene que seguir funcionando en el sistema. Pero resulta que el sueldo de los parlamentarios gallegos es una especie de muñeca rusa, con suculentas sorpresas en el interior. Sus señorías, que exigen transparencia y rigor fiscal, se han confeccionado un traje a medida para poder evitar engorrosos impuestos. Y, además, las cantidades que perciben no han dejado de engordar durante la crisis. Para ellos, el milagro de los panes y los peces. Para el resto, las Bienaventuranzas. Bienaventurados los pobres. Y los mansos. Pero, con el drama de los grandes números, ya no se soportan letras pequeñas.