el equilibrista

Núñez Feijoo frente al menosprecio

foto de Xose Carlos Caneiro
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Leo a Borges, como todos los días. Hoy he encontrado dos versos para iniciar este artículo: «Una mitología de puñales/ lentamente se anula en el olvido». Era una definición de tango que trenzaba el maestro argentino. La política, como el tango, también está llena de puñales.

Digo esto porque creo que con nadie se ha sido más injusto, en nuestra historia autonómica, que con el presidente Núñez Feijoo. Lo digo convencido de que gracias a él este país no se ha hundido más, todavía. No quiero imaginar qué sería de nosotros si fuese otro quien gobernase. Pero Galicia es pueblo sabio y, bajo mandato socialista en Madrid, le otorgó mayoría absoluta al proyecto del PPdeG, o sea, el de Feijoo.

De él han dicho tanto los opositores que uno podría publicar una analecta de improperios: desde acusaciones de falta de sensibilidad con el sector naval (llamándole «mariachi de Rajoy» en su viaje por México) hasta los ya habituales gritos de privatización de sanidad y educación (donde tiene como piloto a un eficiente ejecutivo: Xesús Vázquez). No le han aplaudido que convirtiese Galicia en la primera comunidad en cumplimiento de déficit, ni que Pemex se interesase por nuestros astilleros, ni que los niños no tengan que pagar tres euros por comer en su fiambrera o que centros geriátricos no carezcan de dinero público, como en Cataluña. Tampoco aprobaron que sea paradigma en cuanto al gasto farmacéutico, que invierta en hospitales cuando otros los cierran, que la ley de dependencia tenga curso a pesar de la falta de fondos de Madrid.

Y ahora le llaman ventajista por cambiar el número de parlamentarios. Si lo fuese, afirmo, hubiese convocado las elecciones en noviembre (generales) o en marzo, junto con las andaluzas. No lo hizo por responsabilidad institucional, por fidelidad al país y a sus votantes.

Pasar a 61 diputados es coherente con las políticas de austeridad de Feijoo y por confluencia con el exterior. En Galicia tenemos un diputado por cada 37.300 habitantes. Con la reforma de Feijoo pasaremos a 1/46.000. En Andalucía, feudo socialista, la ratio es 1/77.410. Cataluña tiene una relación 1/56.000. Madrid 1/50.000. Veamos qué sucede en dos estados alemanes: Baviera 1/68.000, Hesse 1/52.000. Feijoo aplica la lógica; otros aplican el sofisma, la demagogia y la interesada falacia.

A Feijoo lo han menospreciado. Han hablado de golpe de Estado, de antidemocracia: la oposición y sus altavoces. Son esos puñales que, como dijo Borges, han de anularse en el olvido. Feijoo no merece tal maltrato.