Parece una competición para aumentar el desprestigio de la actividad política en el momento en que más se necesita en ellos dedicación, transparencia y consideración a la ciudadanía.
Que el Gobierno recurra a cuantos eufemismos se le ocurren para no usar la palabra rescate tiene mucho de desprecio hacia quienes van a soportar al final al menos una parte importante del precio de esa medida.
Que, del otro lado, Rubalcaba alerte de los costes que puede tener el rescate aludiendo a rumores que llegan de Bruselas tampoco es de recibo. Si no demuestra mejores fuentes de información que unos rumores va a tardar mucho en recobrar la confianza de los votantes que les han abandonado.
Que Esperanza Aguirre, para justificar su negativa a una investigación parlamentaria sobre Bankia, diga que «no es cuestión de organizar un circo mediático», muestra una incontinencia verbal preocupante. Salvo que pretenda afirmar que los políticos que nos representan son incapaces de llevar adelante con seriedad una comisión de investigación. Y eso sería mucho peor aún.
Proponer ahora reducir a la mitad el número de diputados de la Asamblea de Madrid suena a puro oportunismo. Si cree que sobran tantos, lo adecuado habría sido incluirlo en su primer programa electoral.
Que Luis de Guindos considere un mérito para dirigir el Banco de España, no la independencia de criterio del candidato, sino su falta de vinculación política, es otra piedra contra el propio tejado.
O piensan más lo que dicen o llegaremos al absurdo de que los políticos sean el principal motivo de preocupación ciudadana.