Fue a las ocho en punto de la tarde de anteayer, en plena rueda de prensa del ministro De Guindos, cuando alguien preguntó cómo iba a afectar -el préstamo europeo- a la gente. Antes se formularon preguntas técnicas, o políticas. Pero la pregunta esencial llegó a las ocho en punto, como si formase parte de una confabulación astral. Yo aplaudí a aquella voz que arribaba desde el televisor. La aplaudí porque fue la primera que se preocupó de lo primordial: de usted.
Hasta entonces, y después, el ministro se esforzaba en expresar con pulcritud su máxima eufemística: se trata de apoyo financiero, no de un rescate. Eran los periodistas los que pronunciaban la palabra prohibida. En España sabemos mucho de estos sintagmas que la ortodoxia política niega. Sabemos que cuando la crisis ya nos ahogaba, en medio de campaña electoral, el anterior presidente no osaba hablar de ella. La negaba incluso. Como antes negó que España tuviese problemas financieros. Para él, y para los suyos, el sistema financiero español era «quizá» el mejor del mundo. Cuánto disparate para llegar aquí, cuánta futesa, burla y requiebro. Era usted, ciudadano, el burlado. El que acudía a las entidades bancarias a pedir crédito y se lo daban (hay que señalar también, porque nadie lo señala, que el Banco Central Europeo bajaba mes a mes los tipos de interés). Usted el que se fiaba de quienes nos administraban; los mismos que decían, incluido el socialista militante gobernador del Banco de España y el socialista ministro de Economía, que la compra de pisos era muy recomendable. Usted el que se creyó la ingeniería financiera que llevó a los bancos a decir que sus balances estaban saneados: bancos zombis, los llamaron en Japón, aquí los llamaremos bancos difuntos. Usted, de nuevo el perjudicado.
De Guindos ha dicho que no. Que en esta ocasión la gente no se verá afectada por el dispendio y la desidia de banqueros y políticos. Pero yo no lo creo. Al final es la ciudadanía la que siempre paga. Porque entre apoyo financiero, como decía el ministro, o rescate, como dicen los periodistas, yo me quedo con secuestro. Hemos vivido bajo las garras del engaño y la irresponsabilidad. Ya va siendo hora de que nos liberen. Ellos, los que nos han metido en el hoyo.