a torre vixía

Cuando huelgas y protestas pierden su sentido

foto de Xosé Luis Barreiro Rivas
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Más allá de la izquierda utópica, que, al grito de «otro sistema es posible», quiere reinventar la economía; y de los capitalistas descerebrados, que insisten en huir hacia delante y hacer crecer el sistema artificialmente, no creo que quede ninguna alternativa a la hoja de ruta propuesta por Rajoy. Conviene recordar, además, que nuestras posibilidades no solo están agotadas en el campo de la economía, sino también en el ámbito político. Porque el PSOE ya tuvo su oportunidad con Zapatero, del que la ciudadanía no quiere ni acordarse, y porque al PP le hemos dado una mayoría absoluta bastante enrabietada que ahora ya no se puede parar. Y, salvo que alguien quiera utilizar la moviola, no tenemos más posibilidades que apretar los dientes, rezarle a Santa Rita de Casia, y esperar que nuestras tribulaciones se acaben antes que nuestra capacidad de resistencia.

Abrir ahora un frente de huelgas sería como protestar contra nosotros mismos, decir que añoramos la mayoría relativa que no quisimos construir, y esperar que el PP y el PSOE se comporten con un estilo de compadreo que los números del Congreso hacen imposible. Hace cuatro meses, el 17 de octubre del 2011, escribí en esta misma página lo siguiente: «El PP va a ganar porque más de media España está convencida de que es necesario un cambio -cualquier cambio- para salir de esta. Pero el PP va a obtener una larga mayoría absoluta porque hay muchos partidos de izquierda y de centro que creen que el derrumbe del PSOE es una oportunidad para ellos». Y, haciendo una vez más de profeta Miqueas, decía más abajo: «Todos se ven ganadores -¡oh sorpresa!- gracias al durísimo castigo que va a sufrir el PSOE, y cuando alguien les pregunta cómo van a parar a ese PP que sale beneficiado por tanto afán parasitario, todos coinciden en decir que la verdadera partida empieza a jugarse el 21 de noviembre. Y eso equivale a decir que hacia la primavera van a estallar conflictos y huelgas en serie, y muy especialmente en los sectores educativo y sanitario».

Mi conclusión de entonces vale para hoy: «Quiero aclarar con tiempo que yo no estaré en tales conflictos hasta que pasen más de dos años, y que, si todo va como parece, iré a trabajar todos los días de huelga con puntualidad y esmero. Porque creo mucho en la política directa -es decir, en las elecciones-, y nada en la indirecta -es decir, en las huelgas, las acampadas, el Twitter y los desilusionados-. Porque si bien es cierto que no me gusta la mayoría absoluta, menos me gusta aún que me gobiernen desde la calle o el móvil. O que me llamen a manifestarme en defensa de la dignidad los mismos que, por su propio interés electoral, están fabricando con los votos el problema que piensan combatir con la algarada». Así que, como diría el difunto Fraga, ¡a trabajar!, que es lo que toca.