Codex floriae

Nada es para siempre, solo los impuestos

foto de Uxio Labarta
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No me sorprende la firme convicción del presidente Feijoo de que va a pasar a la historia como un gran defensor de la sanidad pública. Percepciones subjetivas. Las acusaciones de privatización que recaen en este Gobierno popular por la construcción privada del nuevo hospital de Vigo me malicio que necesitaron, para concretarse con tal celeridad, de la colaboración de alguna de las almas de la anterior Consellería de Sanidade bipartita, por más que públicamente sus responsables nunca lo reconocieran, ni en sede parlamentaria ni ante la opinión pública.

No conozco a un político -presidenta Aguirre incluida- que no defienda el carácter público de la sanidad. Cierto que muchos de ellos descubrieron un virtuoso eufemismo: es público todo lo que se financia con fondos públicos. Lamentablemente tal aserto no permite valorar cuánto de esos fondos públicos se detrae como beneficio privado, y en qué medida tal sustracción altera en profundidad la calidad de la asistencia sanitaria.

En cualquier caso, sepan que esa vieja fórmula de gestión privada y leasing es el último paso de toda una serie de ensayos de gestión iniciados en los años noventa por los Gobiernos gallegos. Medidas que incluyen el concurso con libre designación para las jefaturas médicas, la creación de sociedades públicas de derecho privado como el Medtec popular versus el Galaria bipartito, los hospitales fundación posteriormente infundados, la cicatería durante muchos años ante los derechos laborales de facultativos y técnicos con empleo precario. Añadiendo a ello los conciertos con clínicas privadas incluso con asignación de área sanitaria, con demostrada menor eficiencia asistencial que los hospitales públicos, o un incremento del presupuesto en el año 2006 con exageradas peonadas de razón o sin ella. Sin olvidar el acertado catalogo de genéricos para atajar el gasto farmacéutico, que sin embargo no resuelve este gasto hospitalario.

Ensayos y medidas que no han conjurado los males que a nuestra sanidad aquejan, y que en medio de la crisis provocan ya la reflexión y la protesta pública de la siempre discreta Organización Médica Colegial, ante un deterioro evidente de una sanidad de siempre eficiente y útil.

Por eso cabe preguntarse si antes de entregar totalmente nuestra asistencia sanitaria al negocio de fondos de capital riesgo para que nos la gestionen, no sería conveniente una reflexión autocrítica de gestores y políticos sobre los errores y abandonos de gestión cometidos, para resolverlos cuanto antes. No vaya a ser que nos pase con la sanidad lo que nos ha sucedido con nuestras cajas de ahorros. Enterarnos tarde y mal de su situación sin remedio. O evitarla nosotros.