a torre vixía

¿Cuánto déficit tenemos? ¡Muchísimo!

foto de Xosé Luis Barreiro Rivas
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Hace más de medio siglo que se proyectó en el cine Colón de Forcarei la película Recluta con niño, en la que, al tiempo de trabajar la nueva imagen que buscaba el franquismo para el Ejército español, se narraban las aventuras y desventuras del recluta Cañete y su hermano Pipo. Aunque yo tenía nueve años, recuerdo el momento dramático en el que José Luis Ozores (Cañete) se ve obligado a tomar los mandos de la avioneta que lo traslada a tierra desde un buque de la Armada, y cuando empieza a recibir por radio las instrucciones que debían conducirlo a un feliz aterrizaje, la primera pregunta que le hace el oficial piloto es: «A qué altura vuela usted». Y es entonces cuando Cañete mira por la ventanilla y responde: «¡Muchísima!».

En el cine de Forcarei estalló una enorme carcajada, porque, aunque ninguno de los presentes había viajado en avión, todo el mundo sabía que las mediciones hechas a ojo, sobre el patrón «mucho/poco», no conducen al destino. Y eso es lo que nos ocurre en España con el déficit, que más allá de que De Guindos lo haya inflado o no -que lo ha inflado-, y de que la búsqueda de las facturas pasadas y no contabilizadas se haga mediante selección ideológica -valen y cuentan las de Castilla-La Mancha, pero nada sabemos de las de Valencia-, los españoles asistimos estupefactos a estas mediciones estilo Cañete que nos informan de que nuestro déficit es «¡muchísimo!», que los vamos a bajar «¡bastante!», que los Presupuestos se van a presentar «¡pronto!», que la subida del empleo «no será inmediata», y que todo está condicionado a «un nuevo paquete de recortes y reformas estructurales».

Por eso no debe extrañarles que a la gente de Forcarei que vio Recluta con niño se le venga a la memoria aquel «¡Muchísima!» de Cañete y estalle en gargalladas, y que Bruselas empiece a poner la misma cara de estupefacción que puso el oficial de vuelo cuando el bendito Cañete le empezó a suministrar los datos que iban a determinar su compleja maniobra. Porque lo grave está ahí, en que España está transmitiendo la sensación de estar gobernada por aficionados que establecen a ojo los parámetros económicos, que son incapaces de asumir en términos documentales el 4,4 % de déficit, y que venden como claras, contundentes e inevitables unas medidas que, por seguir desdibujadas, hacen muy difícil la maniobra.

Pero no se preocupen, porque cuando yo voy a asesorarme con mis vecinos de Forcarei -porque para escribir un buen artículo también hace falta toda la tribu-, veo que ellos lo tienen clarísimo: «Al final el recluta Cañete logró aterrizar y se casó con la chica». Y eso es lo que va a pasar aquí: que todos vamos a aplaudirle la hazaña al atolondrado Cañete, y que nadie se va a fijar en el anónimo oficial de vuelo que está en Bruselas dirigiendo la maniobra. ¡Qué injusticia!