En La Frontera

A los socialistas les ha entrado el vértigo

foto de Tino Novoa
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El ser humano, una hormiga indefensa ante la inmensidad de las fuerzas de la naturaleza, ha sido capaz de dominarlas y someterlas a su designio. El ser humano, impotente a menudo para manejar su propia vida, ha sabido dominar los vientos de la historia y transformar el curso de los acontecimientos. El ser humano es capaz de romper los límites establecidos cuando trasciende su individualismo. Pero para eso necesita un camino adecuado y líderes que lo guíen. Por eso son importantes los partidos políticos, porque son (deberían ser) los que canalizan el sentir y las ansias de los ciudadanos, les dan forma y expresión, y lideran los esfuerzos para alcanzar los objetivos colectivos.

Los partidos necesitan unos principios y valores que los definan, un programa y una estrategia para lograr las metas propuestas, y un líder que impulse, motive, aglutine y dirija. Esto es lo que se supone que se decidía ayer en el congreso socialista de Sevilla. Pero hubo muy poco de todo eso. Un partido desorientado y en trance, en su peor momento de la historia reciente, en lugar de preguntarse por qué ha caído tan bajo optó por cerrar puertas y ventanas para que no se los lleve el temporal. Cierto que la alternativa era un salto en el vacío hacia no se sabe bien dónde. Ante la vacuidad de su discurso, apostar por Chacón era darle un cheque en blanco. A los socialistas les ha entrado el vértigo y han optado por lo malo conocido.

Y ese quizá sea el mejor síntoma de su propio mal. Rubalcaba ha ganado invocando el pasado, a la sombra de la vieja guardia. El PSOE se ha reducido a un partido controlado por unos cuantos, dominado por un aparato al que se entra por cooptación y que parece más preocupado de salvar las esencias, sus esencias, que de abrirse a la sociedad. Unos dirigentes que no tienen nada nuevo que decir y que aún escuchan menos. El PSOE tiene un problema de credibilidad, pero sobre todo de aislamiento social. A veces, incluso de autismo. La prueba es que ayer volvió a oírse el mismo discurso, y pronunciado por la misma persona que hace tan solo dos meses espantó a cuatro millones de sus antiguos votantes.

Los derrotados se amontonan. Rubalcaba, por supuesto. Y Griñán, perdedor del congreso, que en mes y medio será examinado por los andaluces. Y Patxi López, a quien muchos ven como el tapado... cuando pierda las elecciones vascas. El aparato del partido se ha instalado en el fracaso. Ensimismado y acobardado, se ha negado, al menos hasta ahora, a abrirse a nuevas ideas, nuevas personas y grupos sociales, y a nuevas formas de hacer política. Quizás por miedo a que en ello les fuera el cargo. Pero el proyecto socialista está por encima de ellos. E incluso del propio partido. Porque los militantes solo representan el 2 % de los votantes. El PSOE necesita renovarse y regenerarse para hacerse creíble y volver a ocupar el espacio social mayoritario que un día tuvo. Porque solo así podrá ejercer el papel transformador que corresponde a la política. Está por ver que Rubalcaba sea la respuesta.