L o peor que le podía pasar al Partido Socialista Obrero Español no era el supuesto inmovilismo que tanto decía temer Carme Chacón, sino el real deslizamiento hacia la irrelevancia que podía sobrevenir si ella hubiese obtenido el sábado la secretaría general del partido. Creo que la victoria de Alfredo Pérez Rubalcaba es lo mejor para una fuerza política que acaba de sufrir una estrepitosa derrota, pero que es enormemente necesaria para la buena marcha de nuestro sistema democrático. Seguí con atención los discursos de ambos en la reunión de Sevilla y muy pronto advertí que se enfrentaban la política (Rubalcaba) y la mercadotecnia (Chacón), y sospeché que, por su mayor énfasis mitinero, la victoria bien pudiese ser para esta última. Me alegro de que no haya sido así, porque las concepciones políticas profundas deben estar por encima de la simple acumulación de eslóganes y vaguedades biensonantes (en este caso, con cuento del abuelo incluido).
Rubalcaba ganó por poco, es verdad, pero el PSOE acertó al no trasladarle a él la culpa de las derrotas cosechadas y merecidas y que son responsabilidad de todo el zapaterismo (del cual, feliz y honradamente, no ha renegado ninguno de los dos candidatos?, entre otras cosas porque no podían hacerlo). También hay que decir que Chacón perdió por poco, y esto debe provocar reflexiones clarificadoras respecto de lo que este hecho significa. Ha sido buena candidata, aunque pudiese ser una mala opción.
La elección de Alfredo Pérez Rubalcaba encarna la toma de conciencia de que es necesario un período de recomposición y de recuperación del Partido Socialista Obrero Español, es decir, un tiempo de reconstrucción de sus puentes con la sociedad, para rescatar la credibilidad perdida y reivindicarse como alternativa política. Creo que para este objetivo, Rubalcaba es más adecuado y cuenta con más credenciales que Chacón (entre otras cosas, porque el exvicepresidente ha manifestado ser consciente de esta necesidad y la exministra, no).
En las travesías del desierto se necesitan líderes dispuestos a sacrificarse para que los suyos -y no ellos necesariamente- lleguen a la tierra prometida.
Alfredo Pérez Rubalcaba tiene el perfil adecuado para ordenar sus filas y tirar del carro. Es lo que un partido político como el PSOE necesita en estos momentos.