Tras aprobar una ayuda extra de 6.000 millones al sector financiero, Luis de Guindos era consciente de que la sociedad española esperaba un gesto, algo que desmintiera eso tan común, y tan real, de que el banquero siempre gana. El ministro (exbanquero, por cierto) anunció ayer la primera regulación seria a los desorbitados sueldos de las entidades con auxilio público. Las que tienen en su peto, no olviden, 14.500 millones del Estado. Y ha metido mano en condiciones. Entre 600.000 y 300.000 euros al año (según la ayuda recibida) se llevarán como máximo altos directivos; y entre 100.000 y 50.000, los consejeros rasos. Pero pese al ajuste que ha impuesto De Guindos (cuyo sueldo en la quebrada Lehman Brothers desconocemos), la banca sigue lejos de lo que pasa en la calle, donde el ingenio cubre cada mes la falta de salario. Habrá que preguntarse si con semejante recorte (hasta del 80 % en algún caso) no habrá quien tire la toalla al ver su nómina y desista. Aunque todavía cobren bastante más (bastante bastante más) que el presidente de este país.