Hoy no es un día en el que este comentarista pueda sentirse liberado en sus sentimientos del dolor que origina conocer un suceso tan tremendo como el que se originó en la madrugada de ayer, en la coruñesa playa del Orzán. Toda tragedia que ocurre en nuestro entorno, afectándonos en mayor o menor grado, el paso del tiempo no lo borrará del todo jamás, pero sí que a medida que transcurra irán aliviándose aquellos dolorosos sentimientos que vivirán en el interior de cada uno hasta el fin de sus días.
Día luctuoso el de ayer, pero el mundo no se para. La vida sigue bajo el ritmo, hábitos y consecuencias diarias que acarrean los distintos comportamientos de cada cual. Y esa vida hay que afrontarla de cara, sin esconderse, sino todo lo contrario, porque la experiencia tiene demostrado que es la mejor manera para poder superar situaciones adversas, por muy duras y graves, como resultó el suceso que nos tiene consternados.
Hoy no hablaré de fútbol. No me apetece y creo que sabrán comprenderlo.