La RAE descubre en su nuevo Diccionario el pechamen, el culamen y el canalillo

Francisco Ríos Álvarez
Francisco Ríos REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

En las últimas semanas concluyó la impresión y encuadernación de la 23.a edición del DRAE.
En las últimas semanas concluyó la impresión y encuadernación de la 23.a edición del DRAE. rae< / span>

La Academia actualiza su obra lexicográfica trece años después de su anterior edición

16 oct 2014 . Actualizado a las 08:45 h.

Hay quien cree que las palabras no recogidas en el Diccionario de la lengua española (DRAE), de la Real Academia Española (RAE), no existen o no son correctas («No está admitida», se suele decir), por lo que, si lo sabe, evita su empleo. En consecuencia, se habrá abstenido de pedir en los restaurantes chopitos, chuletones y suflés, pues estos sustantivos no los registraba la Academia como voces españolas. Pero, si le gustan, ya puede desquitarse. La docta casa los ha incorporado a la 23.a edición del Diccionario, que hoy se pone a la venta.

Se publica esta edición trece años después de la anterior, aparecida en el 2001. La revisión de aquella comenzó inmediatamente después de su aparición. Se trataba no solo de mejorar lo perfectible, sino también de dar cabida a la evolución del español en estos años, pues cada día se crean palabras, mientras otras van quedando más olvidadas. Y siempre con la vista puesta en las obras en las que la Academia ha ido plasmando su doctrina, la Nueva gramática de la lengua española, la Ortografía de la lengua española y el Diccionario de americanismos, publicadas en el último quinquenio.

Las modificaciones aprobadas en estos años (enmiendas, adiciones y supresiones de artículos) se han ido publicando en la página de Internet donde puede consultarse el Diccionario, con la excepción de un paquete de cambios que la RAE se ha reservado para difundir en la edición impresa. Esta ocupa 2.376 páginas, donde se recogen 93.111 artículos, 8.680 más que la anterior. En total, 195.439 acepciones. Se han introducido unas 140.000 enmiendas, que afectan a 49.000 artículos, y se han suprimido alrededor de 1.350 entradas.

Entre esas cerca de nueve mil palabras nuevas hay muchas que llegan a Diccionario con retraso, como curalotodo, corrala o mercurocromo.

Otras novedades reflejan la evolución de los últimos años. Hemos vivido la desindustrialización y la deslocalización y gracias a algunas series de televisión nos hemos familiarizado con la criminalística. Ha surgido el euroescepticismo, hacemos teleconferencias y ya dependemos para todo de Internet, que según la Academia admite la mayúscula y la minúscula. En fin, rodeados de frikis (extravagantes, excéntricos), nos encontramos a diario en los periódicos la yihad.

Galleguizar

Aparecen en esta nueva edición del Diccionario varios verbos que significan 'dar forma o carácter de una cultura o un lugar a algo o alguien'. Se trata de galleguizar, norteamericanizar, occidentalizar, orientalizar, etcétera.

El vocabulario sobre automóviles se enriquece con apoyabrazos y reposabrazos, biocombustible, cuentarrevoluciones, fueloil, papamóvil, vespa, vespino, multigrado y directa. El de la marina, con gasero, metanero, monocasco, portahelicópteros y zódiac.

Nombres para objetos y cosas de uso cotidiano son abrefácil, afilacuchillos, datáfono, desatascador, desengrasante, minicadena, NIF, pósit, salvapantalla o salvapantallas, salvaúñas (un estropajo), SMS y sonotone ('audífono'). El vestuario se amplía con parka y gayumbos (nombre coloquial de los calzoncillos).

El mundo político y sindical enriquece el Diccionario con adjetivos y sustantivos como alcaldable, argumentario, cenetista, decretazo, izquierdismo, mitinero, ugetista, ultraderechismo, ultraizquierdismo y vaticanismo. Son de uso coloquial pepero, rojerío y rojillo. Voces habituales del mundo deportivo que llegan al DRAE son critérium, culé, mate, melé, ochomil, órsay, paradón, plusmarca, pichichi y barranquismo.

Y así hasta más de ocho mil palabras nuevas en el Diccionario. Una buena puesta al día.

La RAE descubre pechamen, culamen y canalillo

Si el lector sabe lo que significan pechamen, culamen y canalillo, es seguro que no ha alcanzado esos conocimientos mediante la lectura del Diccionario, donde aparecen ahora por primera vez, uno con el significado de 'busto de la mujer, especialmente cuando es muy voluminoso', el segundo con el de 'culo', y el tercero definido como 'comienzo de la concavidad que separa los pechos de la mujer tal como se muestra desde el escote'. De los dos primeros cuelga la etiqueta de «vulgar» y del tercero la de «coloquial». También entra con esta consideración muslamen ('muslos de una persona, especialmente los de mujer').

Buena parte de las palabras que la Academia señala como vulgares o malsonantes hacen referencia a asuntos sexuales o escatológicos. Hay pocos vulgarismos nuevos en el DRAE. Lefa ('semen') y papeo ('comida') son dos de ellos. Entran por primera vez los emparentados acojonamiento, acojonante y acojone, con las marcas de vulgares y de malsonantes. Con esta última consideración llega chumino. Carajada, que solo existía como americanismo, se reconoce como voz del español general con el significado de 'necedad, sandez' y sin etiqueta alguna, ni siquiera la de coloquial.

En el Diccionario tiene que estar todo, pues quien tope con cualquier palabra que ignore necesita dónde encontrar su significado.