El gallego Alberto Gracia presenta en Róterdam su «Gaspar Hauser»

El filme agotó localidades en su pase de público durante el festival más exigente del circuito de cine alternativo

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Algo importante está sucediendo en el audiovisual gallego. El realizador ferrolano Alberto Gracia aportó un nuevo indicio de esta efervescencia al presentar en el Festival de Róterdam, el más exigente del circuito de cine alternativo, O quinto evanxeo de Gaspar Hauser, que agotó localidades en su pase de público. Esto que se mueve en nuestro cine desde hace dos o tres años es como una placa tectónica al margen de la oficialidad.

No es normal que una cinematografía tan precaria esté siendo seleccionada para participar en los certámenes más prestigiosos: Cannes, Marsella, Buenos Aires, Locarno, Roma, y siempre con una coincidencia en el carácter de lo que se presenta: un sentido de vanguardia no impostada, una sensación de que estamos ante una generación de corsarios de la imagen, de aventureros de la creación cuyas pautas marcan únicamente ellos mismos porque de la escasez de medios germina una libertad de actuación que hoy no conoce ninguna otra comunidad en España.

La propuesta de Alberto Gracia no es remake ni del conocido filme de Werner Herzog ni de nada porque sus imágenes queman por genuinas, no por recalentadas. Hay en la película un niño-hombre salvaje, el Gaspar Hauser de su título. Pero Gracia lo ha rodeado de una cohorte bien bizarra en un establo donde conviven un diminuto enmascarado sadomasoquista que flagela a un adulto vestido de marinerito, una vamp-girl silente y un Batman desparejado. Y esa amalgama deviene surrealista no en un nivel epidérmico, sino por algo más profundo: la vocación de estilo de su autor, el recurso a un cine de la crueldad, ese blanco y negro con imágenes de vacas abiertas en canal y luego troceadas, que remiten a los surrealistas de los años veinte. Muy lejos del remedo del pasado, el nivel de exigencia en el experimentalismo que Gracia se autoimpone es algo sobre lo que el filme construye su tensión creativa. Este Gaspar Hauser imperfecto, abrupto, fascinante en su voracidad de explorar los límites del cine como provocación, apuntó ayer en Róterdam otro puesto conquistado para esta quinta de bucaneros del Novo Cine Galego.

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