Fin de la intriga. The Wall Street Journal desveló ayer el nombre del hasta ahora anónimo comprador que el pasado 2 mayo se hizo en la sala Sotheby?s de Manhattan con una de las cuatro versiones de El grito de Edvard Munch. Leon Black, un multimillonario neoyorquino de 60 años que dirige la compañía Apollo Global Management, con inversiones en los mercados financieros y diversos grupos de comunicación, estaba detrás de la llamada que en un duelo telefónico de doce minutos subió la puja hasta los 91 millones de euros para hacerse con esta pintura de 1895, la única de las cuatro de la serie que no está en un museo de Oslo. Una de estas obras del artista noruego saltó a la fama en los últimos años por su cinematográfico robo y posterior recuperación.
El diario norteamericano recordaba ayer que Black posee una colección de arte tasada en unos 750 millones de dólares. Entre los tesoros de sus fondos se incluyen ya obras de Rafael, Picasso o Van Gogh. Claro que, según la revista Forbes, su fortuna personal asciende a la friolera de 3.400 millones de dólares.
La prensa estadounidense ha abierto ahora el debate sobre el destino final del cuadro. El Journal subraya el hecho de que Leon Black pertenece a los patronatos del Metropolitan y el MoMa, dos de los museos que aspiran a exhibir su Grito.
Leon Black posee una colección con obras de Rafael, Picasso y Van Gogh.