Cuando Domenico Brucciani, allá en 1866, se subió al andamio para realizar su copia de escayola del Pórtico de la Gloria con destino a un museo londinense, por las rúas compostelanas se desató el rumor de que los ingleses querían birlar a Santiago la joya del Maestro Mateo. No emigró el Pórtico, sino su doble en yeso. Pero, por si acaso, los aguerridos vecinos ya habían dejado clarito a la expedición británica que estaban sobrados de agallas. Cuentan los medievalistas que el Códice Calixtino es el equivalente literario al Pórtico de la Gloria. Y un año después de la fantasmal desaparición del manuscrito conviene recordar que hubo un tiempo no tan lejano en que Galicia sabía defender su patrimonio con uñas y dientes.