El optimismo sosegado de Marlango

«Un día extraordinario» refleja la vertiente más positiva de la banda, que se rinde a los ritmos latinos y el falsete

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Con un punto de ingenuidad y a un paso de la fantasía pero, sobre todo, optimista. Marlango se inspira en un nuevo disco en algo muy lejano a nuestra realidad actual, esa en la que cada cinco minutos se escucha la palabra crisis y el negativismo, y no es para menos, prácticamente se cuela en todas las conversaciones. Quizás era el momento idóneo para darle más protagonismo al espectro tristón de la trompeta de Oscar Ibarra, recuperar el registro más grave de Leonor Watling y dejarse llevar. Pero no ha sido así. La banda ha decidido arriesgar y saca disco en plena crisis con el valiente título de Un día extraordinario. Es su vertiente más optimista y, por qué no, también un poco ñoña.

«Parece que con la que está cayendo, el disco debería llamarse 'R.I.P.' o 'Dios nos coja confesados', pero lo precioso de la metáfora de Benjamín es que hay algo que no te pueden secuestrar, la alegría inherente que tengas tú», reconocía la propia Leonor Watling en una entrevista que concedió hace unas semanas a Efe. Para la actriz y cantante «estar alegre no es ser frívolo» y con este disco defienden que ser feliz es una opción personal a pesar de la que está cayendo. No nos debemos dejar asustar, es la consigna de un disco que transmite un optimismo sosegado y que intenta que el oyente reviva la tranquilidad de un día en familia.

Producido por Suso Sáiz y grabado en directo (sí, en directo) con algunos de sus músicos de referencia y también amigos, como el humorista Julián López, Marlango experimenta con nuevos ritmos en este quinto disco. Atrás queda la vertiente electrónica que se intuía en Life in the tree house y ahora apuestan por sonidos de raíz latina, giros de cabaré e incluso algunas influencias del country, como en los acompañamientos de la canción Exquisita. La banda se rinde ante la música popular y se aleja de aquellos sonidos iniciales que los colocaron en esa etiqueta, de la que ellos reniegan, de banda de jazz.

Todo comenzó durante una cena con Fito Páez en Buenos Aires. Allí surgió el reto de pasarse al castellano y todo lo que eso supuso. La banda reconoce que les costó más componer y que el cambio de idioma fue determinante para introducir en su música influencias del bolero, el tango o la copla. La voz de Leonor Watling también cambia. No por cantar en castellano, sino por experimentar con un nuevo registro, más dulce y que no tiene miedo al falsete. Quizás, los agudos de la cantante son lo que más sorprende cuando se escuchan los temas del nuevo disco por primera vez. Fue Fito Páez, de nuevo, el que le descubrió el falsete cuando se pusieron a trabajar juntos en el tema Pétalo de sal. «A mí me gusta mucho cantar en graves y medios, porque estoy más cómoda», reconoce ella, aunque el pianista Alejandro Pelayo no deja de «azuzarle para que suba».

Aquellos que no escuchaban la música de Marlango porque cantaban en inglés y pecaban de tristes, ya no tienen excusas. Ahora cantan al optimismo y en castellano, ese que sólo habíamos podido oír en los conciertos con versiones como Semilla Negra, Vete o El último habitante del planeta. Los que añoren los cigarrillos, el whiskey, el sombrero y las influencias de Tom Waits, pueden aún apreciar parte de esa esencia en temas como Gira, Ir o Un Día Sin Ti. Y los que añoren su parte más comercial pueden reproducir cinco veces seguidas el single Dame la razón y no serán capaces de quitarse de la cabeza el estribillo durante varios días. El cóctel del nuevo disco de la banda se completa con un toque infantil. Las nanas se colaron en el anterior disco y ahora mantienen un guiño al universo infantil con un tema que parece sacado de una película de Walt Disney. «Vamos a ver el mundo desde un avión de papel, voy a soñar despierto», dice en una de sus estrofas el tema Lo que sueñas vuela, en el que se oyen a los hijos de los integrantes de la banda silbando y dando palmas. Un tema sencillo pero pegadizo que también puede interpretarse como un homenaje al poeta Paul Valéry, aquel que en su día escribió aquello de «Sé leve como el pájaro y no como la pluma».

Después de escuchar los temas del quinto disco de Marlango lo que queda claro es que Leonor Watling, Alejandro Pelayo y Oscar Ibarra son capaces de poner patas arriba su sonido cada vez que sacan disco. Cinco discos en ocho años y una permanente lucha contra las etiquetas. Tras Madness todo el mundo se los imaginaba en un club de jazz y rodeados de humo pero Radiohead, los sonidos electrónicos y ligeros toques de rock fueron haciéndose hueco en su música en los siguientes discos. Con Un día extraordinario dan un nuevo vuelco y sería difícil que alguien que solo hubiese escuchado el primer disco entendiese cómo se ha pasado de una canción como Enjoy the ride a Si yo fuera otra. Podría incluso parecer un grupo diferente pero no lo es. Ellos no renuncian a su pasado y siguen defendiendo que su música está permanentemente en evolución. Leonor, Alejandro y Oscar no son los mismos que en el 2004 y su música, por tanto, no puede ser la misma.