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20 años de adicción púrpura

El club vigués de Deep Purple prepara un libro sobre el «Made in Japan»


vigo / la voz

La llegada de la década de los noventa trajo al panorama rock nuevos estilos que no sentaron muy bien a los viejos rockeros, que se habían acostumbrado a desmelenarse con potentes riffs y melodías endemoniadas de guitarra, pianos y voces de otro mundo. Fue en el año 1994 cuando cinco amigos se dieron cuenta de que se aburrían con el grunge y que había que poner en valor un estilo que se estaba olvidando. Por eso fundaron el Club de Adictos a Deep Purple, liderados por el vigués Carlos Fernández. «Non queríamos empregar o termo fan, porque en España é sinónimo de histerismo case odioso», explica el fundador. El club no solo apostó por esta banda, sino por lo que se denomina «saga Deep Purple», todas las bandas que surgieron tras las diferentes divisiones. Son grupos como Rainbow o Dio los que apasionan a los miembros de este club que se extiende por lo ancho y alto de la orografía nacional: «Poucas provincias hai en España que non teñan un socio no noso clube», presume Fernández.

El domingo celebran su 20 aniversario en Cangas en el local La Buena Vida, donde los socios tendrán cervezas gratis y música de los setenta. Después disfrutarán de un concierto, a las 21.30 en Salasón, de Heaven&Earth, cuyo guitarrista es amigo de Blackmore.

Por aquellos tiempo no existía Internet. Los socios se dieron cuenta de la necesidad de crear un espacio de reflexión en el que colocar los anuncios de actividades que organizaban. Con ese objetivo, nació la revista Hush, en el mismo año de fundación del club. La revista se divide en dos secciones. La primera se dedica a recoger artículos, historias o anécdotas de todas las bandas de la «saga Deep Purple». La segunda recoge artículos sobre bandas nacionales que también gustan en el club. Gracias a este esfuerzo, la revista es apreciada por los músicos de bandas como Los Suaves o Barón Rojo. Para entender este éxito, hay que pensar que la gente apenas tenía acceso a información, y ellos contactaban con otros clubes para conseguir información única, así como grabaciones piratas de conciertos o objetos de colección. «Coa chegada de Internet, moitos socios pedíronnos que non deixáramos a revista», remarca el director, «somos uns románticos do papel». En la actualidad, el número se reparte solo a los socios, «non é fácil competir con Internet, xa non temos tantos recursos coma antes».

Los miembros del club tienen muchos logros, pueden presumir de haber conocido en persona a todos los miembros de Deep Purple, «algo co que ningún de nós soñaba realizar», explica el presidente. Tras un fax de Carlos al mánager de Ritchie Blackmore, dónde se quejaba de varios conciertos cancelados, recibió la llamada del guitarrista, que le invitó a Madrid a acompañar la banda en el hotel y tomar cava. «É unha persoa con moitos cambios de humor, tímido», cuenta orgulloso el presidente. Tuvo en su casa al batería de la banda, Ian Pace, y ha recibido el encargo de elaborar el primer libro del mundo sobre el Made in Japan, «que será español», añade.

No todo son alegrías. Varios miembros de la banda púrpura ya han muerto, como Bolin, Dio o Jon Lord. «Agora brindamos por eles en cada cervexa», se lamenta Carlos. Pues salud.

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