El AVE español vuela por el mundo

Las empresas especializadas en el ferrocarril ya están presentes en unos noventa países; no solo lideran la construcción de grandes líneas; también venden innovación

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Redacción / La Voz 11/06/2017 05:00 h

Más de 25 años desarrollando la red de alta velocidad más extensa de Europa -más de 3.100 kilómetros en servicio- y la segunda más importante del mundo después de China han generado un conocimiento y un vivero de innovación que ahora España puede ofrecer al resto del mundo. Y ya lo está haciendo desde hace casi un decenio. Los países emergentes buscan consolidar su crecimiento y su vertebración territorial con infraestructuras y la alta velocidad, los metros urbanos o la mejora de sus vías convencionales se han convertido en una prioridad. La experiencia de las empresas españolas, que abarca los múltiples campos de especialización en materia ferroviaria, así como la innovación desarrollada en España en los últimos años, pone a la industria en un lugar preeminente para competir en el amplio desarrollo que tendrá el ferrocarril en los próximos años ante la decadencia del consumo de combustibles fósiles.

Esta situación de ventaja ante el más que probable crecimiento de las líneas de altas prestaciones en el mundo cuenta con unos sólidos cimientos, pues las empresas españolas ya están presentes en más de noventa países, con oficinas propias y una red de contactos que facilita su acceso a los grandes contratos o al menos a los lotes más especializados de las licitaciones.

Para coordinarse en este proceso de internacionalización y, sobre todo, promocionarse en el exterior, las empresas se han unido en la Asociación Ferroviaria Española (Mafex), que aglutina a más de 70 empresas con una cuota superior al 85 % del total de las exportaciones en este sector. Este potencial de venta hacia el exterior no solo abarca los productos ferroviarios, sino también la prestación de servicios.

La propia configuración ferroviaria española facilita que esa experiencia fluya hacia otros países con problemáticas similares. En España conviven tres anchos de vía (ibérico, internacional o estándar y métrico) y ha desarrollado tecnologías para cambiar el eje de los trenes en las transiciones. Estas experiencias sirven de ejemplo para países como Rusia, que cuentan con un ancho diferente, y hace poco el primer tren Moscú-Berlín hizo su histórico recorrido entre ambas ciudades con tecnología española de cambio de ancho. De ahí el interés de los países de la antigua órbita soviética en la tecnología ferroviaria española.

Al nivel de las grandes infraestructuras destaca el consorcio público-privado que construye el AVE Medina-La Meca, con presencia gallega muy relevante a través de la constructora Copasa, un proyecto que suma 6.700 millones de euros y que incluye el mantenimiento de la infraestructura durante doce años.

Según el proyecto Marca España, el ferrocarril copa buena parte de la cartera de proyectos en el extranjero de las empresas de ingeniería y de infraestructuras, que en total se calcula en unos 75.000 millones.

Aparte de un tramo de la futura línea californiana, otro proyecto de interés es la línea de alta velocidad entre Ankara y Estambul, así como el proyecto Marmaray, la primera conexión ferroviaria entre continentes mediante un túnel mixto de trenes y vehículos que construye OHL, que lidera un consorcio en el que también participa Dimetronic.

En ferrocarriles urbanos o metros, España también es una potencia. Destaca el de Riad, un proyecto de 6.000 millones en el que participan FCC, Indra y Sener. O el de Lima, un contrato adjudicado por 3.900 millones a ACS y FCC. Empresas españolas participan directamente o vendiendo su tecnología en los metros de Doha, Nueva York, Panamá, México DF, Santiago de Chile, Medellín, Bogotá o São Paulo.

España también es el país europeo con mayor implantación del sistema ERTMS para el control automático de trenes. Y esta tecnología también se vende fuera.

Al margen por la competencia pública

Las consultoras gallegas de tamaño medio especializadas en proyectos de ingeniería apenas tienen proyectos en el exterior relacionados con el ferrocarril debido a la competencia de la empresa pública Ineco. «Nos piden entre tres o cuatro años de experiencia contrastada en el exterior, pero no podemos acumularla si todo lo monopoliza una empresa pública o las grandes constructoras», asegura un representante de la Asociación Gallega de Empresas de Ingeniería, Consultoría y Servicios Tecnológicos (Ageinco). Esta es la cara B de la internacionalización, donde la competencia de lo público -a menudo estos proyectos exigen la colaboración público-privada- o el tamaño de la empresa son factores que pueden cortar las alas a las firmas más modestas. Y ello a pesar de que el nivel de las ingenierías gallegas es muy alto y sí compiten en el escenario global en proyectos de carreteras o en infraestructuras hidráulicas.

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