Diez millones de platos de pescado al día

Gobierno y patronal llaman al sector a adaptarse a los nuevos patrones de consumo ligados a los cambios sociales

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redacción / la voz 11/06/2017 05:00 h

España suma 9.300 barcos, la mayoría de bajura. Entre todos capturan 1,3 millones de toneladas de pescado. Con todo, no es suficiente. La industria necesita importar 1,7 millones de toneladas de producto para, finalmente, acabar mandando al extranjero 1,1 millones. En definitiva, que aquí nos comemos 1,8 millones de toneladas de pescado. ¿Qué pescado? Pues hasta 500 especies diferentes. Las que cada día son capaces de poner marineros, procesadores, comerciantes, exportadores, pescaderos, detallistas y demás integrantes de una cadena mar-industria única en su capacidad de abastecimiento.

Ahora bien, en espacio de una semana, tanto desde la patronal pesquera como desde la Administración, han puesto sobre la mesa la necesidad de mayor agilidad a la hora de adaptarse a los consumidores. Lo hizo el director general de Ordenación Pesquera, José Luis González Serrano, en la asamblea general de los pescaderos españoles, donde llamó al sector minorista «a evolucionar con la misma rapidez que los consumidores» y a adaptar la oferta a la demanda de los productos de la pesca. Y lo hizo Javier Garat, secretario general de Cepesca, en Bruselas, donde en el marco de la conferencia Embarcando a los consumidores, habló de la necesidad de innovar para responder a las demandas que la nueva estructura social española y a los patrones de consumo que las nuevas familias generan. 

Porque esas 1,8 millones de toneladas de pescado que una parte ve como recurso son, al fin y al cabo, comidas. Muchísimas comidas. Tantas como 3.700 millones cada año. Esto es, diez millones de platos de pescado al día. «Empecemos a hablar en esos términos», subraya Garat.

Diez millones de comidas que consumen casi 46 millones y medio de personas en España, en 18 millones de hogares, que se dejan más de 9.000 millones de euros en comprar pescado y productos marinos. 

Cambios sociales

Pero no en todas las casas se consume lo mismo y de idéntica manera. Al contrario, la estructura social española ha cambiado. Hay 6,3 millones de familias formadas por un padre, una madre e hijos; pero también 1,7 millones de hogares monoparentales, personas divorciadas con hijos; 3,9 millones de parejas sin niños; 2,6 millones de casas con personas mayores sin niños y 1,8 millones de pisos en los que gente joven vive sola. Y cada uno come pescado a su manera. Lo constata el panel de consumo alimentario que elabora el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente.

Así, los jubilados están a la cabeza en el pescado fresco, seguidos de las parejas adultas sin hijos. Dos segmentos sociales muy distintos, unos se supone que con tiempo que dedicarle a la cocina, y otros más atareados para los que la industria tendrá que buscar soluciones rápidas de presentación y más aún de preparación.

Ese mismo estudio constata que en los hogares en los que hay niños de entre 6 y 15 años son asiduos del pescado congelado. Ese perfil aparece también entre los consumidores intensivos de conservas de pescado -se ve que la pasta con atún es un plato muy socorrido-. También son abonados a las latas de conserva los jubilados y las parejas con hijos que están entrando en la adolescencia. Así es que, como apunta Garat y remacha González, la industria pesquera debe tener en cuenta las nuevas necesidades para adaptarse, innovar y dar respuesta a todas esas demandas. 

Pesca sostenible

Desde la patronal apuntan que esas proteínas marinas, además, deben obtenerse de manera sostenible y en este sentido señalan que de casi 70 stocks evaluados, la proporción de poblaciones explotadas ha caído desde el 70 al 40 % en los últimos diez años. 

También han bajado los recursos que están fuera de límites biológicos seguros: del 65 % que había en esa situación en el 2003, se pasó al 38 % en el 2005.

Atender las exigencias de sostenibilidad de los consumidores

Además de adaptarse a la nueva estructura social, la industria pesquera también ha de atender a las exigencias de sostenibilidad, al tiempo que se asegura al consumidor la mejor información posible con transparencia y garantizando la trazabilidad para evitar el fraude. Y esto no atañe solo al sector extractivo, sino que debe ser tenido en cuenta por todos los eslabones de la cadena de suministro. En cuanto a las exigencias de sostenibilidad que reclama la sociedad, la patronal señala que hay algunos colectivos que ya han dado pasos y certificado sus productos para demostrar al consumidor que su actividad es respetuosa con el medio ambiente. Es el caso del bacalao de la flota de Vigo y el País Vasco, que comercializan con el sello de MSC, o de Celeiro con la merluza, distinguida por Friends of the Sea.

Otros, como los atuneros, han optado por estándares diferentes e incluso han creado su propia norma Aenor para distinguir sus capturas como Atún de Pesca Responsable (APR) ante los operadores intermedios y el consumidor final. Y se trata de una distinción que atiende tanto a la sostenibilidad medioambiental como a la social. En este sentido, los atuneros han decidido ir de la mano de las oenegés, en concreto con WWF, para implantar planes de mejora de la pesquería que disminuyan las capturas accesorias.

Con todo eso, ahora toca convencer de que «merece la pena comprar pescado de la flota española, aunque haya que pagar un poco más para compensar todos los esfuerzos que se hacen para ofrecer el mejor producto pescado de forma sostenible social, económico como medioambientalmente.

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