Presentación en sociedad de «grandes desconocidos»

Con la obligación de descargar en puerto todo lo que se capture, se hace necesario darle salida a algunos de los pescados que menos se habían aprovechado

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Redacción / La Voz 20/03/2017 05:00 h

Enganchar y reenganchar a la población española al consumo del pescado no es el único reto que tienen por delante los armadores. Está también el que se les presenta en el horizonte del 2019, cuando, si Bruselas no lo remedia, la política del descarte cero tendrá que estar plenamente implantada, con lo que habrá que descargar en puerto todo lo que se capture. Buscar otro destino que no sea el de convertirse en harina a aquellas especies que ahora se desechan por su falta de mercado o escaso valor, y sacar así rentabilidad a pesar de tener que llenar las bodegas con pescado no deseado, es otro de los trabajos en los que se han embarcado en Arvi.

Su departamento de innovación ya ha puesto en el disparadero varias especies. E incluso se ha apuntado varios éxitos. Es el caso del marujito, que de descartarse por miles de toneladas, se le encontró un hueco en los países del este. Cierto que el cierre del mercado ruso supuso un fuerte varapalo, pero la producción de los buques que operan en el Atlántico sur se ha recolocado en mercados del entorno soviético.

También han tratado de encontrar consumidores para esos grandes desconocidos que caen en los aparejos de los barcos en Gran Sol y en la NAFO. Es el caso del granadero, el arete o la langostilla, para las que han elaborado un recetario con el que tratan de dar ideas a los consumidores para preparar esas especies.

Pepino de mar

Más reciente es la intención de dar a conocer la holoturia o pepino de mar, un producto que trae la flota de Gran Sol, pero que también hay en el caladero gallego. Aquí se descarta, a razón de 2.000 kilos por barco, mientras en China, donde se le atribuyen propiedades anticoagulantes, antihipertensivas, antioxidantes, antiparasitarias, antimicrobianas, anticancerígenas e, incluso, afrodisíacas, llega a pagarse, según la especie, a 500 euros el kilo.

El último intento de colar en sociedad a grandes desconocidos fue el que el martes pasado hicieron en el Fórum Gastronómico de A Coruña, donde de la mano del cocinero Miguel Mosteiro, se hizo una exhibición de las posibilidades culinarias de tres productos que ahora desdeñan los consumidores: el gallo de pequeño tamaño o rapante, la quenlla, que viene al lado de peces espada y marrajo y la merluza de cola, que aquí se desprecia (la flota descarta unas 50.000 toneladas) mientras en Latinoamérica se chupan los dedos.

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